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El presente trabajo constituye el resumen de una larga y paciente labor de investigación, recopilación, estudio y restauración de un cafetal de los colonos franceses del siglo XIX en la Sierra Maestra. Obra inspirada por la Revolución en su afán de descubrir y exponer los conocimientos históricos del y al pueblo cubano. Se ha trabajado con un armonioso conjunto de campesinos, obreros, Ejército Rebelde, Gobierno Revolucionario, estudiantes, profesores y vecinos, al logro de obtener la expresión en tiempo y en espacio de un factor determinante en el origen y la vida del pueblo cubano.

Los primeros trabajos se iniciaron con la ayuda del Ejército Rebelde. Después el Ministerio de Agricultura le brindó todo su calor e impulso más tarde el Ministerio de Obras públicas continuó hasta tener en estos momentos la obra terminada: un Museo donde se perfila diáfanamente un estrato correspondiente a la economía y la sociedad cubana.

SITUACIÓN

Sobre el espinazo de la Sierra Maestra en la Sección de la Gran Piedra y a menos de 2 kilómetros al Este de la Piedra a la vera del camino real, antiguo “chematur” de los franceses[1], estaba la casa y dependencias de la Isabelica, levantada por el colono francés Victor Constantin, fundador de la finca y de otras más.

El sitio fue esmeradamente seleccionado. A muy pocos metros de la cumbre de la montaña tiene como es de esperar, una preciosa vista que abarca un horizonte de más de 270 grados, con un alcance de 100 kilómetro; sin embargo, queda maravillosamente abrigada de los vientos Sur y del Noreste, elementos que llegan a desarrollarse frecuentemente en terribles vendabales en otros puntos aun menos prominentes de la sierra.

Vista general de La Isabelica sobre el espinazo de la Sierra Maestra

Bastante llano, brinda espacio para acomodar el grupo de construcciones con holgura y sin molestias de cambios bruscos de nivel.

Este simpático punto está ubicado a una elevación de unos 1 150 metros sobre el nivel del mar, forma parte de la divisoria de las aguas, corriendo, unas al Norte a engrosar la cuenca del río Baconao y otras al Sur para tributar al mar Caribe frente al estrecho de Colón.

Diez y seis tortuoso, pero buen camino de automóviles, unen a La Isabelica con la carretera Santiago-Siboney en el entronque Las Guásimas.

El suelo constituído por rocas de diversas clases en que dominaba la diabasa sumamente meteorizada y con un fuerte matiz rojo, francamente ácida, con pH 4.5 y aun menos en algunos puntos; y rocas calizas marmorizadas en otros, con su reacción alcalina constituyen la base de la economía y el equilibrio agrícola del lugar.

El terreno accidentado tiene pendientes relativamente suaves en la cresta, pronunciándose los declives en las faldas llegando a ser violentas, tales en algunos sitios, que alcanzan más de 45 grados, inservibles por consiguiente para la agricultura. Hacia el Sur abundan los precipicios, que se suavizan más debajo de los quinientos metros. Por el Norte las laderas más suaves son más transitables y útiles para la agricultura. En el fondo de las hondonadas corren arroyos que nacen casi en cualquier oquedad.

La flora actual, diferente con toda seguridad que la primitiva,[2] conserva mucho de ella, y es exposición de su clima, sujeto a fuertes vientos, humedad excesiva, fuerte irradiación solar, abundancia de nubes bajas y cambios bruscos de temperatura. Son comunes los días con 100 por ciento de humedad y máxima de 24 grados Celsius, no faltan noches aun en verano de 12 o 14 grados. Se han registrado mínimas de 8 grados Celsius, por consiguiente la vegetación reúne las condiciones especiales para resistir este ambiente y para recibir los beneficios de él árboles de poca altura, retorcidos y de gruesos troncos con hojas duras y pequeñas (vegetación de estropajo), que abriga helechos, musgos y líquenes en abundancia. Un fauna simpática y extraña se aviva en los días soleados; cabreros, mayitos, azulejos, camaos, torcazas, jutías y gavilanes revolotean locos o se escurren por los ramajes.

Poco habitada años atrás, estas montañas se han visto súbitamente asaltadas nuevamente por el hombre que apenas ha podido progresar debido más que nada a la incomprensión del clima-suelo.

HISTORIA

Consecuencia de la Revolución Haitiana arribaron a Santiago de Cuba los colonos sobrevivientes de aquellos dramas. Las autoridades españolas los recibieron (no a los militares) con beneplácito desde el punto de vista económico, no así en lo que a política se refiere; discrepancias entre el Gobernador don Sebastián Kindelán y el Obispo (último) Dr. don Joaquín Osés de Alzúa y Cooparacio, costaron a los franceses emigrados muchos tropiezos

Monsieur Auvin Moreau uno de los primeros colonos franceses en la zona de la Gran Piedra

Al fin se establecieron grupos en las montañas incultas, siendo la Isabelica uno de los establecimientos. [3]

Prudencio Cassimajour (Casamayor), al hacerse ciudadano español fue el individuo de enlace al logro del establecimiento de la colonia. [4]

El café, añil, algodón y azúcar fueron motivo de intenso cultivo y profundas y beneficiosas mejoras en su obtención y comercio, gracias a la aplicación de las ciencias, artes, y a una mejor entendida esclavitud. [5][6][7][8]

Esta última institución odiosa, injusta e irracional como era de esperar costó revueltas y sublevaciones. En la Guerra del 68 fue secundado el Grito de Independencia y la rebelión de esclavos y el Ejército Libertador dieron cuenta mediante la tea de gran número de cafetales quedando reducidos a ruinas, cenizas y escombros [9]que la vegetación y el abandono pronto invadieron. [10] Los ciclones y terremotos derribaron algunos muros contribuyendo a la destrucción. [11]

Desde entonces hasta el segundo decenio del presente siglo apenas había noticia de estas ruinas que dispersas por este lado de la sierra suman unas cincuenta, algunas de magnitudes sorprendentes. Cubriéronse los caminos de maleza, arboledas y deslizamientos y en 1930 eran prácticamente intransitables aun a pie en su inmensa mayoría.

El autor que comenzó a interesarse en estas cosas por el verano de 1930, tenía generalmente que hacer grandes caminatas a pie entre la selva tropical que todo lo cubría. [12]

PERÍODO DE INVESTIGACIÓN

En los días del triunfo de la Revolución, el Departamento de Repoblación Forestal del Ejército Rebelde ya se había interesado por dos cosas: la reforestación de la Sierra que había sido talada en su mayor extensión. La restauración de algunas ruinas que conservaran para el presente y el futuro los elementos con que se desarrolló el cultivo, la industria y el comercio del café. [13]

Ayudado eficazmente por una veintena de rebeldes, iniciamos la limpieza del camino, el acceso a las ruinas y la selección de la más interesante, recayendo en la Isabelica.

Con el mayor esmero se hizo la extracción de la vegetación que cubría los escombros, canales y otros lugares de imprescindible limpieza.

Pasó después al Ministerio de Agricultura este trabajo, bajo cuyos auspicios se constituyó el Parque Nacional de la Gran Piedra, quedando dentro de un ámbito unas diez ruinas más.

La extracción de escombros se hizo cuidadosamente separando no sólo las piedras, sino los herrajes, restos de cerámica, vidrios, maderas quemadas, carbón y tierra que fueron tamizadas y trilladas a fin de recoger los especímenes que en cantidad sorprendente fueron recolectados, encontrándose monedas, dedales, tijeras, cuencas, cristales de espejuelo, botones, etc.

Seleccion de objetos encontrados en las excavaciones de las ruinas

El destino de estas piezas lo trataremos más adelante, mientras tanto se colocaban en cartuchos debidamente rotulados y conservados en un almacén hecho de ex profeso.

Limpias las ruinas, respetando siempre las pinturas, repello, pátinas y aun el musgo original, quedó abierto como un inmenso rompecabezas el laberinto de muros, canales, escaleras, etc.

Ya se definía perfectamente la ubicación del edificio almacén, la cocina con su magnífico horno, los secaderos, el zaguán, la caballeriza y la cochera, el barraconcito de esclavos, el mulén o tahona, el horno de cal y las calzadas que unían y articulaban todo el sistema del cafetal.

croquis del cafetal la isabelica santiago de cuba

Una serie de ranuras, oquedades y alvéolos se abrían en las paredes correspondientes al armazón que de maderas recias llevan todas esas construcciones. Fue necesario articularlas para darle la solidez debida a los muros no sin antes analizar la resistencia de carga de éstos que resultó ser satisfactoria en todos los probados menos en uno de la cocina.

A la par que este trabajo, corría el de hacer una exhaustiva investigación con testigo fotográfico de las construcciones que escaparon de los fuegos del 68 y del 95. (Fraternité, Mount Vert y Naranjos).

Se estudiaron las piezas, su labrado, empalmes, ornamentación, ángulos, ensambladuras, proporciones y distribución a fin de colocar no sólo las cosas en su lugar, sino adecuadamente.

Una cantidad de piezas fue posible utilizar directamente, tales: cerrajería, puertas, etc., provenientes todas de ruinas o de partes de edificaciones salvadas.

La duda surgió con respecto a los materiales; ¿debía utilizarse un cedro costosísimo, importado del extranjero porque ya en Cuba no lo hay de esas condiciones, para lograr llevar las cosas a tal extremo en la restauración? El Estado tenía abundancia de madera de pino, dentro del parque muy próximo a la Isabelica hay pinos magníficos, con excelente madera. Las oquedades en que la madera de armazón no quedaba a la vista fueron rellenas con vigas embebidas de hormigón armado con acero, impartiéndole resistencia mayor que la original.

ALBAÑILERÍA

Las obras de albañilería, variadas en sus técnicas y formas, podemos dividirlas en: cimientos y muros, obras de ladrillo, pisos y canales.

La cimentación sobre “firme” iniciada con gruesas piedras de catos vivos, orientadas siguiendo una arista y sujetas en “amarre” las unas a las otras en forma de ciclópeo con elementos de unión construido por rajoncillo o macadam y como aglutinante o cemento un mezclote a base de arena y granzon y cal. De la cal hablaremos más adelante. A lo largo del paño del muro quedan colocadas las piedras sosteniendo uno o dos planos según que el muro esté adosado contra el terreno o se levante aislado, las aristas se mantienen generalmente por ladrillos “guías” para cordeles y plomadas que se conservan aún después de terminada la obra. Estos ladrillos no sólo sirven de piedra angular, sino para determinar el nivel de la superficie del reboque o repello cuando ellos se lleve a cabo.

En algunos casos los muros se hacen fuera de plomo siguiendo secciones piramidales o rematan en apoyo de arquería, generalmente de medio punto que muchas veces se inicia en sus descansos con ladrillo. Otras veces se unen y amarran por arquitrabes sostenidos por gruesas piezas de madera o piedra labrada formando el dintel.

El revoque puede ser en basto y gransoneado “sin flotear” o en basto gransoneado y “floteado”, o en pulido como se explicará luego.

Las obras de ladrillo, más escasas, se limitan a: un pequeño horno para cocer los ladrillos que no merece comentario, un horno de panadería pequeño, muy simpático, construído con esmero y técnica de experiencia, el fogón de cocina, a la usanza francesa, es decir dos columnas laterales unidas por un arco deprimido por cuyo superior, corren dos muros paralelos que dejan un canal o cenicero, con fornalla a la derecha para evitar la caída de las chispas y brasas a los pies del cocinero y en el nicho que queda debajo donde se conserva la leña seca. Dos apoyos laterales y uno al fondo en soga constituyen la base de la campana o colector de humo en forma de pirámide truncada, en cuyo vértice se levanta una pequeña y graciosa chimenea.

Horno y fogon de la cocina de La Isabelica

Son obras de ladrillo también unos paños de piso en el umbral de las puertas de los almacenes en la planta baja y en las bisectrices de los ángulos que forman los portales su intención fue el evitar la erosión excesiva ocasionada por el tránsito de herramientas, carretones y objetos pesados.

Los pisos varían: enrajonados, hecho de piedras vivas cortadas, aprovechando las superficies planas y enterrando el resto irregular de sus partes juntadas con mezclote muy a propósito todo esto para escaleras, calzadas y pisos sometidos a tránsito intenso.

Las canales siguen técnicas distintas según que sean conductos de agua en cuyo caso se limitan a la obra de albañilería de piedra con repello y pulido interior para impermeabilizar o que sean destinadas a uso mecánico como el de los mulens o tahones en cuyo caso el piso está construído con losas de piedra escrupulosamente juntadas, y lados de mayor resistencia tanto a la presión lateral como a la erosión.

Un punto interesante a tocar es el cemento especialmente en el caso particular de la Isabelica. En la misma cima de la montaña y sólo a 70 metros de la casa hay una singular cantera formada por caliza marmolizada susceptible de reducirse a cal en un horno que habían construído al efecto a muy poca distancia. Esta caliza forma punto de contacto con una brecha volcánica muy meteorizada de familia petrográfica y mineralógica semejante a la de la Piedra. La base de la caliza que la constituye esta roca y que la aprisiona se extrae (y lo hemos hecho actualmente) conjuntamente con la caliza tal como la ganga acompaña al mineral. Sin embargo cuando esta roca sufre la intemperie aun por poco tiempo se reduce a arena al reblandecerse cierto compuesto que pierde humedad.

La mezcla de la cal obtenida en el horno a costa de esta piedra caliza, y la arena procedente de la misma cantera, constituyen una magnífica “mezcla” para albañilería y fue, sin duda, el material que aquí se utilizó. Por tradición y consultas, sabemos que el mortero se preparaba mezclando la arena en proporción de 3 a 1 de arena y cal apagada, se apilaba en colmos de un metro, dejándole a la intemperie por seis meses para que “pudriese” o se “hidrocarbonatase”. Al iniciar el trabajo el rajón seco se colocaba o asentaba con la mezcla hecha de la manera siguiente: del granzón o arena en forma de mezcla “podrida” se toman cuatro partes con una de cal recién apagada bien mezcladas y con agua suficiente para darle “correa”.

Fraguado el muro, si se iba a revocar o repellar, se preparaba con la mezcla tamizada dándole llana hasta lograr que subiera a la superficie la “naiboa” o crema. Si se deseaba pulir era menester dejar que la crema fraguase parcialmente para luego espolvorearle polvo de mármol o piedra caliza marmolizada con alguna masilla de cal viva y “lamer” con la “plana” la superficie. A fin de economizar trabajo, dar “correa” y mejor acabado se solía repasar la superficie con un trozo de tocino rancio cuya grasa favorecía considerablemente el acabado de la superficie.

Es notable la consistencia que le da a la superficie tal sistema, muros hay que después del abandono y la inclemencia en que han estado por más de 90 años conservan su superficie de una tersura y pulimentos notables. Débese esta gran resistencia más que nada a que el polvo de mármol pasa a ser el elemento protector no alterable por las aguas pluviales, téngase presente que se un carbonato de altísima resistencia a la erosión química y mecánica.

A costa de estos repellos en algunas ocasiones se obtenían ornamentos muy estilizados y característicos con un sello propio de la ingenuidad del artista. Consisten en remover una parte raspando la superficie para dejarle áspera imitando un bajorrelieve en silueta. Hay motivos inspirados en herramientas de albañilería, manos, etc. (Olimpo).

En ocasiones solía darse, por lo menos en apariencia, una mano de algún pigmeno en forma adecuada para obtener una pintura al fresco y participarle al muro valores decorativos. Son sorprendentemente agradables los “frescos” de la Idalié”, pese a su sencillez y monotonía de colores. [14]

Los pigmentos parecen haber sido: hematite roja y pizarra gris violácea, óxidos de manganeso?

CARPINTERÍA

Construída casi en su totalidad por piezas de maderas preciosas, la carpintería aparece reducida a escombros, gran cantidad de maderas carbonizadas y algunas restantes más o menos podridas. Sin embargo dos tipos de maderas se definen claramente: el cedro noble (cedrella odorata), fino, suave y liviano de bellísima apariencia, labrado, aserrado con sierras de vaivén o de aire cuidadosamente acepillados y primorosamente pulido cuando de muebles u otros casos especiales se refiere.

La madera recia, en especial la jocuma (Bumelia salicifolia), madera de excelente grano, notable dureza, tenacidad y resistencias excepcionales, de consistencia “grasienta” o cérea, que a decir de los campesinos y carpinteros, la grasa de la madera la protege de los “bichos” y de la humedad, muy utilizada labrándola a “boca de hacha” y hazuela en la estructura o esqueleto de las edificaciones marcos de puertas, vigas de puente, pivotes de tahonas y demás piezas de la máquinas, cercados, erc., donde fuese necesario sustituir el cedro.

Otras maderas han tenido mucha menor aplicación, casi siempre con carácter decorativo, como por ejemplo, en el caso de pisos hechos a base de pequeños cuadrilongos de diversas maderas recias y aun suaves combinadas en forma de dientes de sierra. (Naranjos).

La técnica de carpintería acusa a primera vista una tradición depurada.

El labrado de las piezas, la solidez, limpieza y perfección de los “empates júpiter”, las “moscas”, “colas de milano” o “colas de paloma”, etc., son bien estudiadas y aplicadas a perfección. La inmensa mayoría de los elementos de unión se hacen con varillas o “toletes” ligeramente cónicos, bien ajustados y de madera de ácana. Suélese dejarlos sin cortar. Se nos ha dicho que es para ajustes futuros.

En la carpintería de edificio se usa mucho el contrafuerte y el puntal embebidos en los muros y amarrados a los arquitrabes y vigas con el fin de dar mayor resistencia a los embates sísmicos. Quedan incluídos también a esta trabazón los amrcos de puertas y ventanas, que corren de abajo a arriba.

Los techos cualesquiera que sea su tipo van cuidadosamente afianzados tanto las soleras como alfardas, correas y tejas y en muchos casos hay una trabazón muy bien estudiada para contrarrestar los movimientos de plano en las aguas.

Cuando las alfardas sobresalen formando alero son acabados en canes ornamentados.

Los portales y corredores a descubierto llevan sus parales labrados y rematados en esbozos de volutas afianzados por “espigas” a la solera.

Sobre los huecos de las puertas y bajo el dintel es frecuente el apersianado; en planchas de 2 x 15 centímetros de espesor y ancho aproximadamente.

Puertas y ventanas exteriores abren invariablemente hacia afuera quedando los marcos, cuando hay zócalos o “pintos” en las paredes interiores adentrados en la pared, por cuyo motivo las puertas casi nunca mueven sus hojas en 190 grados en estos casos sino en 90 grados o un poco más.

Formadas generalmente por tablones o tablas gruesas verticales, se sujetan en el interior por tres piezas o “chambranas” horizontales y dos “refuerzos” oblicuos para evitar la deformación por el peso.

El tapajuntas de la puerta es siempre una pieza gruesa y ancha que corre de arriba abajo.

Generalmente las hojas se extienden más abajo del umbral a fin de que las aguas pluviales escurran por ellas y no penetren al interior cuyos pisos son invariablemente más altos en el interior que en los portales y exteriores.

Algunas puertas, especialmente las interiores son de tablero y persianas a “la francesa”.

En algunos lugares se utiliza una puerta tosca y fuerte para seguridad e intemperie y una de cristal con persianas o “bellotes” para evitar la entrada del viento, lluvia y humedad dejando pasar la luz.

En sitios donde es necesario reforzar las vigas o evitar cimbrajes se usa frecuentemente el pie de amigo, algunos sumamente elegantes como en los balcones volados. (Fraternité).

Cartabones son utilizados en los esquineros, que, en ocasiones, se afianzan o amarran a la lima o bisectriz.

Las escaleras, en algunas ocasiones son utilizadas casi como ornamento, como el caso de Naranjos en que se ha hecho una cómoda y elegante escalera retorcida con balaustres montados “al aire”, que constituye una obra primorosa, seguramente el más bello ejemplar de carpintería rural cubana.

La separación de ciertos ámbitos, como la sala del comedor, se lleva a cabo por arcos deprimidos, sobre columnas muy agradables a la vista (Naranjos), o en medio punto (Mount Vert).

El cielo raso, poco ornamentado, se limita a las vigas y tablas del piso superior cepilladas y bien juntadas.

Una escocia muy elemental corre por los lados. Para la lámpara en la sala se ha empleado algún florón; el de Nueva Escocia era muy bello.

Zócalos sencillos con un simple cordón en “media caña” constituyen elementos de defensa y ornamento en la pared.

No hemos encontrado jambas dignas de mención.

CUBIERTAS

Los techos parecen haber sido muy variados en un principio, reduciéndose a una sola clase al final: así tenemos que a los albores del siglo pasado el techo dominante era el de tejamaní criollo. Hacianse las tablillas de cedro, cortando los rollizos o tozas de gran diámetro en tramos o rodillos de dimensiones diferentes. Los de la hilera del alero de 40 cm de largo, y los restantes de cubierta de 32 cm, colocados verticalmente, se rajaban con un hacha especial a golpe de mandarria; primero, haciéndolo cuadrado y después, separando las tablillas una a una con dimensiones de aproximadamente 1 cm de espesor por 4 cm de ancho o 32 ó 40 cm de largo, cepilladas por ambas caras para facilitar el escurrimiento de las aguas, quedaban listas para ser colocadas. Dícese que la tejamaní sufría mucho la acción conjunta de las raíces de curujeyes y otras plantas parásitas que sobre el techo nacían gracias al exceso de humedad en estas altura. (Cafetal Palenque).

 Otra cubierta utilizada fue la pizarra en cuadrados de 30 x 0 cm. Sólo conocemos dos lugares. (Santa Rosa).

Otro tipo consistente en “el techo de hormigón”. Arreglo a base de fuertes vigas de madera que sostienen un entablado enjuntado cubierto de tierra mezclado con cal “resebo” y sobre esto una fuerte capa de mezclote con un acabado pulido por la superficie, de acuerdo con las descripciones anteriores. El resebo entre la capa de hormigón o repello pulido y la madera, sirve para evitar presiones y contrarrestar las diferencias por dilación entre la madera y el hormigón.

Estas cubiertas son generalmente usadas para cuartos de refrigerio, cocinas, pequeños almacenes, terrazas y puentes. (Isabelica, Gran Sofía e Idalié).

Las láminas de hierro galvanizado no parecen haberse utilizado hasta mediados del siglo pasado; pero en cambio gracias a su baratura, seguridad, comodidad para colocarlas y duración, parecen haberse reemplazado rápidamente todos los demás sistemas porque no sólo aparece gran cantidad de estas planchas dispersas en las ruinas sino que por ejemplo en la zona de Yateras se han construído casas con “desbarates” de cafetales franceses, y aun con tejas de escombros de cafetales.

El guano se usó siempre provisional y en algunas construcciones de menos importancia; moulin, caballerizas, cocheras, barracones de esclavos, etc. A las construcciones cubiertas de guano llamaban los esclavos “caipay”.

HERRAJES Y HERRERÍA

Un somero examen de la herrería los puede agrupar de inmediato en cerrajería y mobiliario, herrería industrial, de caballería, talabartería y carruajes.

Las bisagras tipo gozne, son las más usadas. Su diseño es bello en algunos casos como puede apreciarse en la foto 4. Menos corriente es el tipo de mariposa.

Le siguen en importancia las aldabas y aldabones, las más elaboradas hechas a base de “cuadrados” torcidos o retorcidos.

En la cerradura de llave son corrientes las de gran tamaño tipo de “rancho”.

Herrajes de una casa de un cafetal frances

Pasadores y fallebas no merecen comentario.

Algunas bisagras y cerraduras, de bronce especialmente, pertenecían sin dudas a muebles, cofres, pianos, etc.

La herrería industrial abarca una serie de tirantes, tensores, zunchos, arandelas, nódulos, chumaceras, pernos, remaches y ejes, material cuyo comentario sólo merece hacerse acerca de la rosca, véase en la colección fleteados del siglo XVIII.

Las herraduras nos dicen muy poco de la diferencia de los animales utilizados con respecto a los actuales; excepcionalmente hay alguna que puede haber sido para caballo de tiro de talla semejante al “percherón”.

Una curiosa pieza ya en desuso perteneciente a la silla de montar para amazonas, llamada comúnmente en los cafetales “sillón”.

Llantas livianas de gran diámetro (1,8 m) que pertenecieron a ruedas de quitrines junto a ejes, zunchos de cubos de ruedas y estribos.

AJUAR

Un amplio y variadísimo ajuar se ha obtenido por el cernido de piezas de cerámica basta, gres, botellería de barro, loza y porcelana. Vidrios de botella, vajilla, floreros tocador y ventanas. Hierros y aceros de sastrería, costura, animales domésticos, cuchillería, adornos, etc. Metales nobles de escritorio, tocador, vajilla, etc. Piezas de cuerno, asta de ciervo y hueso.

*      *     *

ESTUDIO DE LA ISABELICA PARA SU RESTAURACIÓN

Fue necesario descubrir las reglas que debíamos seguir para la restauración de estas ruinas. Nada encontramos en lo que a literatura de ningún género sobre este asunto se refiere; no existe hasta donde llegaron nuestras investigaciones, obras que traten de la arquitectura rural francesa en Cuba ni siquiera en Haití[15] a primer golpe de vista brotan diferencias difíciles de resolver si no se estudian otras ruinas del mismo género para compararlas con lo conocido, pues si es cierto que hay magníficos relatos de ingenios con sus dependencias, no es menos cierto que son en algunos casos hasta diametralmente opuestos a los cafetales franceses.

Básicamente, el batey de un cafetal francés está constituído por viviendas e industria.

Las viviendas generalmente están separadas en la “gran maison” o casa de los señores amos que invariablemente es casa-almacén y obedece a una curiosa regla, cuando el almacén está en los bajos y la vivienda en los altos los techos son de pocaspendientes (Naranjos). Si el almacén está en los altos las aguas son de gran pendiente, sin duda para aumentar el volumen útil de los altos o buhardillas. (Palmalejo).

La cocina, letrina, baños o habitaciones innobles quedan totalmente separadas de la casa. Es regla general. Sospechamos que esta norma se estableció con la intención de evitar la contaminación del café en almacén con los humos y humedades que podía entorpecer o modificar el aroma del precioso grano.

Frente a las casas y a manera de plaza se extienden los secaderos o tendales.

Secadero de La Isabelica

El barracón de esclavos se caracteriza por su construcción sólida, cómoda, higiénica y también ventilada como la casa de los amos. Se diferencia del barracón del ingenio en que el del cafetal tiene todas sus puertas al exterior y al aire libre, quedando por consiguiente la comunicación directa desde afuera, al revés de el del ingenio en que para evitar la huída de los esclavos, se hacían converger en un patio interior con una única salida a custodia del mayoral. Magníficos ejemplares de estos barracones son los de la Gran Sofía con más de 100 pequeñas habitaciones cada una con su puerta directamente a las calzadas o al batey.

Las demás dependencias serán tratadas más adelante, en su oportunidad, pero para establecer una idea completa resumimos el siguiente cuadro:

Casa almacén

Cocina

Secaderos

Barracón de esclavos

Establo

Cochera

Enfermería-calabozo

Moulin o tahona

Honro de cal

Letrina

Acueducto-desagües

Caminos-rampas-calzadas

RESTAURACIÓN CASA-ALAMCÉN

La casa-almacén o de vivienda como hemos dicho forman una unidad. En el caso de la Isabelica sin dudas la vivienda estaba en la planta alta, y la planta baja ocupada por el almacén. Dividida ésta en tres grandes secciones, por robustos muros sin puertas interiores, quedaban distribuídas en almacén de herramientas, la del Norte donde aparecieron gran cantidad de útiles de labranza, herramientas de carpintería, etc. La Ley de la Colonia exigía que el almacén de útiles y herramientas quedase a buen recaudo como reza el artículo 16 del bando de Gobernación y Policía de la isla de Cuba en su reglamento de esclavos, “en toda finca habrá una pieza segura destinada para depósito de los instrumentos de labor cuya llave no se confiara jamás a ningún esclavo”.

El segundo y central de los espacios estaba destinado al almacenaje de café como lo atestiguan los muros, soporte para el entarimado de madera. Cada muro con su correspondiente “satrú”, o sea agujero para el paso de los gatos, en evitación de la reproducción de ratones. A un costado estaba el depósito o colmo de cal viva, cuyo fin parece haber sido el mantener el aire seco en el interior, para evitar la proliferación de hongos Mucor mucedo que “sudan” al café arruinando su buen gusto.

El siguiente y tercer espacio iba destinado a sala de trilla y labor, y seguramente como un segundo almacén para caso de excesiva cosecha.

Respetados los muros, repellos, pátinas, etc., quedaron los pisos remendados o emparchados en los sitios convenientes. Recolocados los marcos y dinteles y puertas y ventanas.

Al pasar a la vivienda fue necesario echar el piso como se ha explicado con anterioridad colocando los maderos de acuerdo con la distribución habida. Se había descubierto que un portal exterior corría desde la rampa superior hasta la mitad del primer costado de la casa o sea por el Norte. Allí estaban las huellas de los tres puntales del portal y de la puerta con las normas del piso de hormigón.

El interior, copiando al de naranjos, se ajusta a las oquedades de las vigas originales y tiene como sostén un doble sistema que refuerzan el piso en dos sentidos, sobre éstos las tablas y sobre las tablas las pequeñas maderas que como antes dijimos ornamentan el piso dándole tan agradable y acogedora apariencia. Las maderas de cubierta del piso son escrupulosamente cepilladas y enceradas acorde con la tradición.

Los muros de paredes, con su correspondiente armazón y un grueso pinto o zócalo en el exterior corrido por los cuatro costados del edificio se conservan todo el del costado Este y una pequeña parte del Norte y del Sur.

Se copiaron los huecos de las puertas del Este y se mantuvo el canal exterior con sus caños de recogidas de aguas directas del techo o azotea.

En el interior, el falso techo se copia de La Luz cuya distribución fue muy semejante a Isabelica y sus puertas fueron salvadas y colocadas en los lugares correspondientes en Isabelica. Las dos empersanadas a la sala, las otras al zaguán y al comedor respectivamente. las columnas interiores y los arcos son copia fiel de Naranjos y las puertas y ventanas comunes a todos los cafetales. La puerta principal es copia.

Las puertas de cristal son copias seguidas por la descripción de Virginia, el florón de la sala es copia a la memoria del de Nueva Escocia y los zócalos y jambas de naranjos. El entretecho o buhardilla es común a todos los cafetales y puede llamar la atención el que el falso techo cubra hasta el comedor y deje sin cubrir la alcoba y parte del comedor. Esta distribución es corriente y el autor supone que se hacía con la deliberada intención de dejar ventilación e inspección adecuada para el café que en caso de emergencia se almacenaba también en el entretecho. (Fraternité). Se descubre en esta parte la trabazón suplementaria.

Hay dos muebles integrados con el edificio; un “guarda comidas esquinero” (partes originales y partes copia de Palenque), y otro muy ornamentado copia de Saltadero.

Las rejas de los balcones son copia de Naranjos.

Los remates y volutas del portal de la Fraternité.

Muchas de estas residencias fueron pintadas con colores generalmente de tierras, logradas con materiales próximos. Otras fueron embadurnadas varias veces de pinturas importadas; pero las más distinguidas y renombradas conservaron sus maderas sin pintar, limitándose a pintar los muros. Los colores de Isabelica son producto de una mezcla de sal apagada, sal común, magüey y tierras finamente molidas de yacimientos muy próximos a la casa y sus colores semejan mucho a los que se encontraron en pequeños fragmentos de repello.

La cantidad de vidrios de ventana se dedujo de la manera siguiente: Tomando un fragmento de vidrio, se midieron su peso y superficie. Se pesó todo el vidrio de ventana recogido, se separó lo que se estimaba debía pertenecer a cuadros, el resto se consideró de ventanas. La distribución de las habitaciones se ha hecho teniendo en cuenta una regla general: de dos a tres habitaciones de estar por una de dormir. Sin embargo como se trata de un Museo, no hubiera sido prudente llenar la casa de habitaciones. Monsieur Constantin no tuvo herederos y vivió en la casa casi siempre solo, y casado con una esclava.

COCINA

Esta pieza compuesta de dos ámbitos separados: el uno destinado a guardar alimentos, y el otro al trabajo de cocinar. Estaban claramente definidos.

La cocina conservaba en buen estado el horno, gran parte del piso, muros, parte de la campana y del fogón, de los cimientos y una porción del techo. Componíanlo varias tablas quemadas, parte de una viga, parte de relleno y dos secciones de la placa de hormigón.

El trabajo se limitó a cuidar los muros, desarmar una sección de uno por estar “desmoronándose” e iniciar el trabajo de colocar cada cosa nuevamente en el sitio que había estado. Parte de la cerámica que allí se encontró pudo restaurarse y ha regresado al sitio.

SECADEROS

Típicos estos secaderos corresponden en todos sus detalles con los demás de la región, siendo más bellos que la inmensa mayoría debido a cierta simetría y amplitud del paisaje tanto para verlos como para ver desde ellos.

Construídos en dos niveles, se extienden tres grandes secaderos en la parte del plano inferior que mira al Sur. Los tres primeros quedan separados por sus correspondientes canales longitudinales para desagüe. Estos dentales tenían al centro y aun se notan cada uno su correspondiente “basicor” (sección elevada para amontonar el café en el centro del secadero y evitar que se mojase durante la lluvia).

Su estado de conservación era bastante bueno, solo unos retoques y enderezar algún que otro muro desprendido.

De los tres inferiores solamente a uno se le ha restaurado el piso; los otros dos quedan como céspedes de jardín.

Los superiores, algo más pequeños que los inferiores, estaban más o menos en el mismo grado de conservación. Un punto grave había en el lado Este en el que por algún movimiento posiblemente sísmico la base se deformó perdiendo su alineación los cimientos y aun aparentemente el terreno. Fue necesario hacer una excavación por el lado interior del secadero, sujetar el muro entre encofrados, y empujarlo valiéndonos de gatos para locomotora con un esfuerzo total de 20 toneladas. Cuando estuvo en su lugar se levantó en la cara posterior una pared de hormigón que aprisionó el muro en cuestión, retirándose el encofrado, el acojinado de barro que se puso salvándose así no sólo el muro, sino el revoque y el musgo que lo cubría.

Entre los dos planos hay un desnivel de dos metros que se salva mediante una magnífica escalera doble de un metro de ancho construída de mortero a base de rajón. En la base de la escalera y que da frente a los secaderos se dejó hecho un “sentrú”[16] con destino al perro que custodia los secaderos.

Secadero de La Isabelica

En la pared superior y junto a la casa corre un amplio pasillo separando los tendales un cantero para siembra de flores semejante a otra de forma irregular que se dejó exprofeso hacia el Este.

BARRACÓN DE ESCLAVOS

La Isabelica parece no haber tenido barracón de esclavos construídos en mapostería, más que uno pequeño y muy lejos del batey en un punto llamado “la iglesita”, lugar que no es más que la planta de despulpar café del mismo cafetal, levantada allí en virtud de que en la Isabelica no habían las cantidades de agua necesaria para el trabajo.

Se encuentran las bases y pisos de una serie de construcciones correspondientes sin dudas a pequeñas viviendas en la cima misma de la montaña y a unos 40 metros de la casa directamente sobre la tahona o moulin y a un costado de la caballeriza.

Allí hay huellas de unas seis de esas construcciones que debieron haber sido de madera y “cuje embarrado” acorde a la influencia andaluza.

Lo mismo se puede decir de dos construcciones más que hubieron entre la cochera y la cocina.

Por documentos sabemos que en la Isabelica la dotación se reducía a veinticinco negros.

De este barracón, o mejor dicho casas de esclavos, se ha restaurado solamente una. Y mejor que restaurado debemos decir copiado; ya que solamente se ha podido utilizar el piso y los huecos de los hornos.

ESTABLO

Esta pieza apareció después de una escrupulosa limpieza del suelo, siguiendo la distribución de una capa apisonada y con guijarros de caliza, que denunciaban ser material colocado de exprofeso en aquella porción del suelo.

Siguiendo tal superficie se tropezó con los agujeros de los horcones. Limpios a la par que el piso se echó a ver sus condiciones características de pisos de establos; y en este caso distinto a la mayoría no había en el establo el abrevadero de mampostería característico.

La construcción se hizo de madera siguiendo una orientación de tradición verbal hasta el logro de la obra presente. (Santo Domingo).

COCHERA

Simultáneo con el hallazgo del establo, se tropezó con un piso empedrado e inclinado con distribución y condiciones tales que ha hecho pensar su coincidencia con la cochera citada en la tradición verbal. Su restauración o copia ha sido semejante a la anterior.

ENFERMERÍA-CALABOZO

No se ha encontrado en las ruinas de Isabelica una habitación o construcción que pueda considerarse como tal. Al revés que en Africana y casi todos los demás cafetales, aquí no hay una pared con las características propias del calabozo.

Estos generalmente son de paredes relativamente fuertes, con un boquete a altura conveniente para inspeccionar al cautivo y proveerle de alimentos. Además uno o dos más, convenientemente situados para dar entrada de luz y aire por arriba y salida a las aguas y heces fecales por el nivel inferior.

MOULIN O TAHONA

Entramos en una pieza de fácil reconocimiento y restauración, afortunadamente casi todas las “tahonas” o moulin tenían las mismas dimensiones y proporciones, salvo ligeros cambios en los materiales.

Mulen o tahona ya restaurado cafetal la isabelica

La limpieza fue esmerada y se logró llegar perfectamente hasta la calzada original.

Está compuesta de un canal de mampostería cuyo diámetro exterior es de 3.5 metros y el interior de 2.6, quedando una zanja o ranura de sección trapezoidal con un ancho superior a 0.6 metros y uno inferior de 0.15 x 0,55 de profundidad. La parte central también es pavimentada de hormigón. Alrededor céntrico al canal y en forma de gran corona va la calzada circular de 3.15 metros de ancho, por la que marchaban los animales de tiro que accionaban la máquina. [17] [18]

La tardea más difícil fue la de encontrar los agujeros del “octágono” que por cierto, no fueron ocho como deduce la palabra y como se dice tradicionalmente por autores como Esteban Pichardo en su diccionario de Voces Cubanas (1862) sino muchos más.

La “manjarria”, el “pivot”, la “rueda” y el “techo” fueron meras copias de las que dispersas por la sierra todavía quedan piezas. [19]

Pero ya que tocamos esta característica pieza sería prudente sería prudente dejar sentada una explicación y un reclamo. Se ha relatado al autor en varias ocasiones y por distintas, viejos todos, que vieron cafetales franceses, que en algunos cafetales tenían en sustitución de estos aparatos para la limpieza, “descascarado” del café, unos pilones longitudinales a manera de piragua en cuyo interior se esparcían uno o dos quintales de café en cáscara. Era esta una pieza hecha de un tronco de un árbol de madera recia, ahuecado en una sección de “pilón”. Poníanse a horcajadas seis negros con sendas manos de pilón sobre el aparato y al canto monótono y rítmico de un viejo guía, golpeaban las cerezas secas para separar el grano de la cáscara. El trabajo era continuo, rítmico y requería cierto cuidado, labor que se encargaba de comentar con su canto el “metre” criticando, con elogios o censuras, hasta lograr la limpieza total del grano. Que sepamos y hasta donde llega nuestra memoria, jamás hemos visto ni la canal ni las manos de pilar. Agradeceríamos informes de quien los tenga.

Es significativo la ingenua belleza de esta máquina una vez terminada; causa una sencilla admiración irreprimible a los visitantes.

Deberíamos incluir en este capítulo, y lo vamos a hacer, a una serie de aparatos anejos al muelen. 

La aventadora. Esta máquina simple, curiosa, y sumamente útil, consiste en un gran cajón por cuya parte superior se deja caer continuamente la mezcla de granos y cáscara de café salidos del muelen o tahona, mientras un operador, mediante una manivela, acciona una rueda aventadora que insuflando aire a la mezcla que cae arrastra consigo la paja, capendo los granos más densos al fondo del cajón compuesto por una criba sobre un bastidor accionando también a mano cuya vibración hace que los granos se deslicen seleccionándolos mediante el tamaño de los agujeros. A la paja que vuela se le llamaba “pai”. Los granos quedan separados en bueno y “triache” o sea café caracolillo. Al bastidor se le llamaba separador.

Un separador sumamente simple es el bichet o “uichet”, reducido a una bandeja hecha de textiles, con una soga de las agarraderas hasta el cuello del operador para de esta manera poder sostener el peso. Con un movimiento de cintura sumamente lúbrico se lograba levantar la mezcla al aire para con el viento del mismo aparato y la inercia de los granos al caer hacer la selección pai-bueno-triache.

Descerezadora. Consistía básicamente esta máquina en un cilindro cuya superficie estaba plagada de ranuras longitudinales de altura aproximada a la mitad de un grano de café, que giraba frente a una pieza larga y plana de bronce o “cuchilla” muy próximo a ella, sin tocarla, y con distancia suficiente para que pasasen los granos de café separados; pero no las cerezas. Accionaba esta máquina como las otras a mano o a fuerza hidráulica se hacían girar continuamente el cilindro. Entre las ranuras quedaban sujetas, dejándose arrastrar las cerezas de café, que al encontrar en su camino circular la “cuchilla” en forma oblicua y dejando un espacio en forma de cuña se veían forzadas a pasar por el espacio menor que su tamaño. De esta manera la cereza perdía primero la corteza y después en el estruje continuo se dividía en los dos granos que normalmente componen la cereza del café. Como los granos son aplastados y están embebidos en una pulpa mucilagrinosa, fácilmente escapan sanos entre la cuchilla y el cilindro descerezador. Toda la operación se facilitaba sometiendo los granos a una maceración y fermentación previa en tanques de mampostería llamados “remojadores”; y añadiendo durante la operación de la máquina un chorro de agua. De aquí la necesidad de ubicar las descerezadoras próximas a arroyuelos o ríos. [20]

En Isabelica este equipo como se dijo anteriormente no estaba instalado en el “batey” del cafetal sino en la “iglesita” junto al río.

HORNO DE CAL

Al hablar de la topografía y suelo dijimos que de la diabasa meteorizada y la caliza marmorizada con sus reacciones constituían “la base de la economía y del equilibrio agrícola del lugar”. Esto quedará explicado de inmediato.

 El horno de cal llamó poderosamente nuestra atención durante las exploraciones, desde los primeros días del verano del año 1930. Cafetales hay que tienen dos o tres hornos de cal. ¿Para qué tantos hornos de cal? ¿No bastaba con uno para hacer material suficiente para dos o tres quemas? La respuesta llegó mucho más tarde y de la manera siguiente:

Los terrenos de los altos de la Sierra Maestra están formados por un subsuelo que casi aflora constituído por rocas ácidas sumamente meteorizadas y desintegradas tales como la diabasa, brechas, basalto, etc. Las tierras vegetales de escaso espesor que sobre ella descansan sometidas a la misma condición máxime si se tiene en cuenta la materia orgánica que engrosan su acidez.

El café para su desarrollo necesita suelos muchos menos ácidos que éstos en que con un pH de 4, 4.5 y 5, no es propicio para que fructifiquen aunque sí se desarrolle bien. Era necesario enmendar la tierra, o mejor dicho, su acidez neutralizándolo o dicho de otra manera, elevarle el pH. El más económico y eficaz sistema consiste en la “encaladura”, es decir incorporarle un elemento alcalino que equilibre la acidez sin dañar la planta. Don Miguel Rodríguez Ferrer en su libro Naturaleza y Civilización de la Grandiosa Isla de Cuba, al hablar de su excursión a los cafetales de La Gran Piedra se admira  de que se mejorase la tierra con abonos de Mr. Lamarc, cosa que sin dudas fue con la encaladura. Los campesinos siembran hoy la mayor parte de las plantas de su aprecio sobre las ruinas “la tierra es mejor”. Claro, está encalada permanentemente por sus escombros.

Otro uso de la cal que hemos encontrado se ha indicado al hablar del almacén de café.

Otra aplicación de la cal, ya remota, es incorporada al sulfato de cobre, del “caldo bordelés” para el control de plagas en la agricultura. No intentamos suponer que esta gente aplicase el caldo al cafeto por ejemplo; pero sí se sabe que hacían múltiples aplicaciones de productos químicos tan baratos sencillos como la cal y las cenizas vegetales.

De esta manera se explica el interés que se le daba a la cantera y al horno de cal.

Fue necesario un poco de paciencia e investigación entre la maleza para localizar el horno que sospechábamos debía existir. Por fin un día un rebelde tropezó con un pequeño saliente cubierto de musgo y hojarasca que le pareció simétrico, limpió como pudo y descubrió que estaba formado por piedras unidas, “iguales que los muros franceses”. Se inició una limpieza que duró tres semanas, al cabo de las cuales se habían descubierto por completo un horno con una profundidad de tres metros y un diámetro de tres. Su hechura era perfecta e incluso afortunada, se habían aprovechado la falda de monte; por la parte superior corría un camino “francés” con una extensión de unos cuarenta metros desde la cantera, muy cómodo y a propósito para conducir la piedra. En la parte inferior la fornalla consistía en un bello ejemplar de albañilería franco-cubana. En su interior quedó a descubierto el “diente”, especie de escalón circular donde se comienza la carga del horno de lo que hablaremos oportunamente; regresemos a la cantera y allí encontramos una caliza marmolizada fosilífera cuyos restos de animales marinos no son difíciles de descubrir, y que en estos momentos están siendo sometidos a estudio de identificación.

Excavacion y limpieza del horno de cal en la isabelica

Al hablar de la “mezcla” tocamos el punto de la cantera y su constitución, ahora añadiremos que por vía de la caliza, las operaciones están claramente descubiertas, por los restos dejados; separábase la caliza marmolizada o mármol de la brecha arenosa, se amontonaban en unas pilas o colmos próximas a la cantera. Estos colmos fueron profundizados por los rebeldes con “sepulturas” durante la exploración, disipándose la idea con una exploración sencilla que hicimos en una de ellas.

De aquí la piedra transportada al horno se llevaba hasta el fondo donde un operario iba colocando en el “diente” o escalón grandes bloques con pesos aproximados de 100 a 200 libras. Con maestría especial debía ir haciéndose una bóveda colocando piedras siempre salientes; pero en equilibrio estable hasta quedar un agujero central en el que se colocaba una piedra llamada “clave” o “llave”. Después la operación se limitaba a llenar el enorme hueco cilíndrico de piedras de tal manera que los gases circulasen por todo el horno antes de escaparse por arriba. En la parte inferior quedaba una bóveda o cúpula con espacio suficiente para que entrara el “metre” calero y colocase la leña que se encendía y operaba de la manera siguiente, digo, corriente, operación que duraba dos o tres días a base de fuego intenso hasta que los humos salían azules. Este curioso horno tiene la peculiaridad de haber sido hecho sobre un manantial de pocas aguas pero suficientes para que una vez apagado el fuego “apagase” el mismo automáticamente la cal.

LETRINA

No se encontró en Isabelica rastro alguno de la letrina. Sospechamos que esta pieza como la cisterna, el calabozo-enfermería y alguna otra dependencia se destruyeron con un desprendimiento de tierras que hubo en la vertiente norte dejando una cárcava que hubo que controlar al restaurar el cafetal; sospechas fundadas en gran cantidad de fragmentos de mampostería que encontramos dispersos a lo largo de la cañada que se produjo con tal desprendimiento.

Letrinas con corriente de agua son frecuentísimas. Se limitan a una construcción de mampostería para dar privacidad al lugar, en su ligar suelen tener una caja de mampostería al que se adapta un bacín sin fondo, o una caja de madera similar. Por debajo del piso llega un caño con un ensanche directamente debajo del fondo del bacín desfondado al que se hace llegar una corriente de agua por reclusas pequeñas de madera.

La salida de aguas negras es casi siempre por caños tapados hasta cierta distancia lejos de las construcciones.

Se ha traído una copia de la Siberia a Isabelica.

ACUEDUCTOS-DESAGÜES

Todo cafetal francés tenía su acueducto pluvial o fluvial.

En Idalé es realmente aparatoso y sorprendente en sus dimensiones: se capturan las aguas en “batardós” de magnífica obra de mampostería constituyendo represas de dos o tres metros de elevación, de donde se conducen las aguas por canales provistos de decantadores adecuados para evitar la entrada de sedimentos en los batardós de acumulación o tanques. Son realmente albercas o piscinas de orden de diez por treinta por dos metros con volúmenes de más de 600 metros cúbicos de capacidad. De aquí las aguas se distribuyen por canales, salvándose los desniveles con viaductos, arcadas, bien a las máquinas, viviendas, jardines, caballeriza, letrinas, etc. En algunos puntos son recolectadas las aguas albañales y conducidas a sitios apartados.

Viacueducto de la Fraternite santiago de cuba

Isabelica por su elevación y topografía tiene un simple sistema pluvial. Las aguas de los techos caen en la azotea que escapa por los caños al arquitrabe de los portales acanalado e impermeabilizado por su parte superior. Pasan las aguas a una sentina para decantarse y corren a lo largo de un caño hasta una cisterna donde son conservadas.

CAMINOS-RAMPAS-CALZADAS

Están acordes los cronistas, viajeros y testigos del esplendor de los cafetales franceses en la calidad elevadísima de sus caminos. En muchos casos los caminos han vuelto a ser transitables con una somera limpieza.

De hace tiempo se conoce en Cuba (Oriente), los caminos “descolin”, palabra que sin dudas proviene de “chemin de colin” o sea camino de colina en lugar de caminos de colón como se ha pretendido interpretar.

Entre los negros descendientes de los esclavos, estos caminos se conocen por “chemin de colin” cuando son de subida y “chematur” cuando voltean la falda de la montaña sin cambiar de nivel. Esta palabra se deriva de “chemin a tour“, “camino a vueltas” en español.

El autor ha encontrado un libro publicado en Francia en 1750 titulado Traite´de la Construction des Chemins, por el Ing. de caminos Gautier.

Este libro como muchos otros de edición francesa que abundan en Santiago de Cuba, parece ser procedente de una de las tantas bibliotecas de cafetales. En él se abordan los problemas que se presentan en los caminos de montañas y las soluciones propuestas por el autor, se identifican con las que se encuentra el arqueólogo o el viajero contemporáneo en la Sierra Maestra.

A primera vista se distinguen se distinguen tres dimensiones de caminos: un camino cuyo ancho llega aproximadamente a dos metros y medio y que hoy se circula fácilmente en automóvil, sus pendientes no pasan de 8 grados, rehuyen a las recurvas cerradas, piso empedrado o “mejorado” en los lugares propicios a empantanarse, calzadas próximas a las casas, alcantarillas de desagüe donde la erosión compromete el piso, muros “secos” de contén de piedra, siembra de las plantas cuyas raíces sujetan las piedras y el camino. Puentes bien de madera, como se explicó al hablar del hormigón (Gran Sofía) o de mampostería (Idalé).

Puente de mamposteria de un Chemin de Colin

Camino interior para comunicar fincas unas con otras “por dentro” o dependencias de la misma finca con tres o cuatro pies de ancho con pendientes en algunos lugares mayores de 10 grados igualmente mejorado el suelo en los lugares requeridos con algunas alcantarillas menores y muros de contén donde es necesario. Estos caminos aún son fácilmente circulables a pie o a caballo.

Senderos de dos pies de ancho o caminos de “fillon”, es decir de marcha en fila. Estos caminos en pendientes igual a los anteriores, se utilizan profusamente para comunicarse dentro de los “cuadros” de café con los potreros y demás lugares necesarios.

Todos los caminos eran mantenidos en estado perfecto para la circulación y las aguadas preparadas como abrevaderos. Existen huellas bien definidas del corte de rocas que se llevan a cabo según la tradición, y las huellas lo corroboran de una curiosa y paciente manera: haciáse un agujero en la roca con un diámetro aproximado de una pulgada y un cuarto, valiéndose de un pistolete o barreta corta de acero accionada a golpe de martillo. El golpe debía ser al contrario a lo que se supone, débil pero continuado y aprisa, de esta manera muchos golpecitos protegían las herramientas, fatigaban menos y a la larga avanzaban más, hasta una profundidad de pie y medio más o menos. A este agujero se le ajustaba a la perfección un tarugo o tolete de madera bien seca y resistente que se introducía a golpe de martillo hasta el fondo del agujero; se dejaba sobre la madera una vasija gotear agua noche y día, la que al empapar la madera la hinchaba produciendo presiones tan enormes que rajaba la piedra. Al contrario de las rajaduras por explosivo, estas piedras abren sin estriarse, hecho que las distingue en la técnica.

Como regla general los caminos franceses estaban cubiertos de vegetación sembrada de exprofeso. Más de un autor celebra con regocijo el contraste entre los caminos franceses y los demás del país. John P. Jewet, 1954, en su obra Pictures of Cuba, dice: el cultivo del café fue introducido por los franceses refugiados de Haití, hombres de gusto y refinados, que la preparar los campos generalmente de sus nuevos hogares tomaron en cuenta tanto la belleza como la utilidad. El español (Garcilaso al contrario no incluído), se ve que hicieron sino muy poco por mejorar el paisaje con el cultivo, y las gloriosas oportunidades que ofrece Cuba para el arte han tenido muy poa mejoría exceptuando en los cafetales. (Traducción libre del autor).

CEMENTERIO

A los dueños se les solía enterrar en tumbas bien construídas de mamposterías con loza de mármol y epitafio muchas veces. Escogieron prominencias con poca posibilidades de ser atacadas por la erosión, o faldas seguras, siempre lejos de la casa.

Sepultura de un colono frances

MOBILIARIO

Ha sido providencial el hecho de la recolección del mobiliario de Isabelica. Familias que guardaban con verdadero amor reliquias de familia, donaron generosamente las piezas que sus antepasados salvaron de las guerras, fuegos, quebrantos económicos y terremotos.

Por reseña expondremos esta pequeña lista:

Juego de sala “de medallón”. Familia de Auvin Moreau (antepasados de Emilio Bacardí Moreau), cafetal Guaninicum.

Piano Gordon de cuerdas verticales. Madama Thaureaux, cafetal Kentucky.

Mesa para juego de ajedrez. Tetralobulada, construída por carpintero esclavo, una joya. Familia Dutil Dumois. Cafetal Nueva Escocia.

Lampara y floron la isabelica

Escritorio “table a gradin” de construcción criolla de Monsieur A. Thaureaux. En este escritorio el Apóstol José Martí escribió durante la noche de su estancia en Kentucky la nota correspondiente al día, que dice así:

Mayo 1ro….. de eso íbamos hablando por la mañana cuando salimos al camino, ya en la región de los cafetales, con plátano y cacao, a una mágica hoya que llaman “La Fontina”, y en lo hondo del vasto verdor enseña apenas el techo de guano, y al lado, con su flor morada, el árbol del caracolillo. A poco más el Kentucky, el cafetal de Pezuela, con los secaderos grandes de mampostería frente a la casa, y la casa, alegre, espaciosa, de banco y balcones; y el gran bajo con las máquinas, y a la puerta Nazario Soncourt, mulato fino, con el ron y el jarro de agua en un taburete y vasos. Salen a vernos los Thoreau, de su vistoso cafetal, con las casitas de mampostería y teja; el menor, colorado, de….. y los ojos ansiosos y turbios, tartamudea: Pero podemos trabajar aquí, verdad ¿podemos seguir trabajando? Y eso no más dice, como un loco.

biblioteca la isabelica table a gradin usada por jose marti

Sillón para escritorio, cafetal Palenque.

Taburete con brazos hecho por Jean Puyu, cafetal San Sebastián.

Cama de bronce con decorados a lo “Fregonard” con dosel. Familia Dutil, cafetal San Juan de Escocia.

Duquesa, criolla, esbozo de imperio. Familia Giró.

Tinajero criollo con tinaja y piedra. Familia Chibás, cafetal Naranjos.

El mobiliario se extiende en una lista mucho mayor que no cabe detallar aquí.

ÚTILES

Lámparas, faroles, guardabrisas, jaulas, tinajas, alfombras, herramientas de costura y planchado. Han sido coleccionadas, restauradas, conservadas y preparadas para exhibición. Hay una extensa lista.

Vajilla. La vajilla de comedor ha sido en su inmensa mayoría restaurada procedente de los basureros y los escombros. En ese trabajo como en otro ha sido necesario paciencia y cuidados.

Reseñaremos por su interés el trabajo realizado en este campo.

En un principio costó desvelos lograr que una persona entre los muchos campesinos que allí trabajaban se interesase por la recolección y limpieza de los “tiestos”, “vidriecitos” y “vidrios de botellas”. Posteriormente tres individuos se prestaron, dos jóvenes y un adulto. Trabajaron bien, asimilaron rápidamente los conocimientos y se pudo organizar el trabajo. Creció rápidamente el almacén donde se guardaba clasificando el material encontrado. Se logró que uno, Darwin Deas, 15 años (foto No. 15), llegara a comprender el trabajo de restauración, el que pacientemente comenzó a localizar las partes que componían una pieza, unirlas con cemento adecuados, reemplazar lo ausente con yeso y otros plásticos las partes no encontradas, moldeándolas, etc. Más tarde aprendió a colorear. Así se ha engrosado rápidamente la colección de vajilla restaurada.

restauracion de ceramica la isabelica

Una interesante colección correspondiente a pesos y medidas se ha llevado a cabo, incluye: partes de una romana, balanza, varias taras correspondientes a pesos del sistema métrico decimal. Monedas de Carlos III, Fernando IV y de la ocupación napoleónica en España (J. Napoleón I). Medidas en toesas. Partes de relojes de cuerda y un preciso reloj de sol, de bronce fundido en Trinidad de Cuba en 1836.

Herramientas. Una excelente colección de herramientas que se exhiben en el cuarto de útiles, está compuesta de herramientas de carpintería incluyendo piedras para afilar, “tibes”, o sea pizarras areniscas silícets procedentes de la región del Tibes.

Herramientas de albañilería.

Para cantería y reparación de caminos.

De cerrajería y mecánica.

De herrería y para herrar caballos.

Los útiles de labranza además de los corrientes incluyen el “sarchoir”, “sachua de nabos”, herramientas en forma de guataca pero terminada en punta triangular para extraer nabos y remolachas. El “pie”, guataca bidentada para separar el estiércol de la paja, la “grata”, pequeña azada de mango delgado y corto con un extremo en forma de guataca y el otro de pequeña barreta, toda hecha de hierro utilizadas especialmente para el cultivo del café, la “cuchilla de cortar cacao” y la “cuchilla de podar café”.

Con familias guantanameras especialmente se han conseguido fotografías, daguerrotipos, “creyones”, grabados, litografías. Dos preciosos floreros de San Juan de Escocia. Familia Dutil Dumois.

Una “chambra” de Ma. Ceferina, negra esclava y un “faldellín” de la familia Dutil Dumois. Una suela de zapato de mujer.

Cuentas de collares, partes de pendientes, anillos, regatones de sombrillas, hebillas, botones ornamentados y no ornamentados, trocitos de rouge, partes de brazaletes, cristales de espejuelos y muchos otros objetos de adorno se han recolectado.

Como apéndice de este trabajo de investigación arqueológica, hemos logrado una recopilación que será motivo de publicación distinta a la presente pero que enumeraremos por el interés que puede derivarse de él.

LITERATURA

Hay una cantidad considerable de libros en manos de familias, bibliotecas, etc., comenzando con la “enciclopedia”, tratados de técnicas, literatura recreativa, prontuarios, vademecum, música, ciencias, artes, artesanías, masonería y religiosa.

PATOIS CUBAINE

El autor tiene para publicar una recopilación del diccionario patois cubano en que se incluyen “dichos”, modismos, sentencias, refranes, etc.   

FOLKLORE

El autor ha llevado a cabo una recopilación de elementos folklóricos dividiendo la música en música y cantos de los amos, tradicionales también en Francia en su mayoría, mezclados con algo de haitiano y cubano como “La Bayamesa”.

Y música y cantos de los esclavos que incluyen la “Tumba francesa”, etc. Cuentos y juegos de los negros.

ALIMENTOS Y MEDICINAS

Se está llevando a cabo una recopilación de los elementos y platos de alimentación de esta gente en que se incluyen el “calalú”, “yurumuná”, “congrí”, etc., procedentes muchos platos de vegetales importados dispersos después de aclimatados por el país y algunos casi olvidados: ofió, topinambour, salsifí, bonté, yeren, madrás, sagú.

EL CROQUIS BATEY DEL CAFETAL LA ISABELICA

  1. Casa Almacén.
  2. Cocina.
  3. Secaderos.
  4. Casa de esclavos.
  5. Establo.
  6. Garaje de quitrín.
  7. Calabozo-enfermería?
  8. Moulin o tahona.
  9. Horno de cal.
  10. Letrina?
  11. Cisterna de agua.
  12. Calzadas, caminos y rampas.
  13. Cantera de cal y arena.
  14. Sentrú.

El perímetro de la línea de puntos indica la cárcava que se produjo destruyéndose casi totalmente lo construído en ese lugar.

No se establece escala en el presente croquis por conveniencias de dibujo. Las áreas construídas son aproximadamente proporcionales con referencias al No. 1

Artículo tomado de la Revista de la Junta Nacional de Arqueología y Etnología, publicado en 1962.

NOTA: esta publicación ha sido fiel al original. No nos hacemos responsables de los errores de edición, impresión o escritura.


BIBLIOGRAFÍA

[1] Rodríguez Ferrer, Miguel. __ “Naturaleza y Civilización de la Gran diosa isla de Cuba”.

[2] Sagra, Ramón de la. __ “Historia Physique, Politique en naturelle de L’ile de Cuba”.

[3] Callejas, José María. __ “Historia de Santiago de Cuba”.

[4] Bacardí Moreau, Emilio. __ “Crónicas de Santiago de Cuba”.

[5] Hazard, Samuel. __ “Cuba a pluma y lápiz”.

[6] Rodríguez Ferrer, Miguel. __ “Naturaleza y Civilización de la Gran diosa isla de Cuba”.

[7] Sagra, Ramón de la. __ “Historia Physique, Politique en naturelle de L’ile de Cuba”.

[8] Taylor, J. __ Glenville. The U. S. & Cuba, 1951.

[9] Gómez, Máximo. __ Diario de Campaña.

[10] Bacardí Moreau, Emilio. __“Vía Crucis”.

[11] Amábile, Mestre.__ “La Question Cubaine et le conflit Hispano-Americain”.

[12] Boytel, Fernando. __ “Un viaje a la Gran Piedra”. Agosto, 1941.

[13] Rodríguez Ferrer, Miguel. __ “Naturaleza y Civilización de la Gran diosa isla de Cuba”.

[14] Bacardí Moreau, Emilio. __“Vía Crucis”.

[15] Véase la literatura consultada

[16] Del francés “Chien trou”, agujero para perro.

[17] Hazard, Samuel. __ “Cuba a pluma y lápiz”.

[18] Hazard parece haber confundido algo de este asunto.

[19] Lamer y Collet. __ Departamento Oriental (Litografías).

[20] Samuel Hazard describe esto bien.

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