Si La Habana tiene su arteria llamada Reina, Santiago de Cuba posee la suya: calle Princesa, que en popularidad, tradición y fama nada tiene que envidiarle a Enramadas, Trocha, Garzón, el Paseo Martí…

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Es más: con un trazado de norte a sur o viceversa, muchas de las vías más renombradas en el centro histórico de esta localidad (villa desde 1515 y ciudad desde 1522), se entrecruzan con Princesa por la razón más sencilla, que explicaremos a continuación.

Aquí comienza la calle Princesa, en su encuentro con la Trocha.

La calle en cuestión, comienza en un recodo que describe la famosa Trocha muy cerca de su parte más alta, luego de dejar atrás la antigua Colonia Española, hoy Hospital Infantil Sur Dr. Antonio María Béguez César.

Para nada sigue una línea recta la calle: mientras va rumbo a la bahía, sube y baja según las ondulaciones del terreno, y describe algunas curvas, e incluso al entroncar con el Callejón Santiago, hay que hacer un giro de 45 grados a la izquierda y luego de varias decenas de metros por Santiago, atravesar arbustos y bajar escalones construidos por los vecinos, entonces es que la “Princesa” sigue cuatro cuadras al oeste, hasta llegar a la Alameda Michaelsen.

Precisamente, en lo que es hoy la cuadra de Princesa, entre Rabí y Callejón Santiago –algo así como el corazón del barrio Tivolí- se escuchó por primera vez en la ciudad, el sonido agudo de la corneta china, cuando era ensayada su ejecución por integrantes de la comparsa del lugar.  

Princesa vista de oeste a este.

Poco después, en el Rumbón Mayor de 1915, el peculiar instrumento fue estrenado por la comparsa del Tivolí y rápidamente la asumieron otras agrupaciones del festejo, hasta convertirse en un emblema del Carnaval Santiaguero.

Juan Bautista Martínez, clarinetista y también torcedor de tabacos en una pequeña tabaquería del barrio, fue el primer intérprete de la corneta china, asegura el folclorista Mililián Galí, profundo conocedor del tema.

El sitio de la calle Princesa donde sonó inicialmente la corneta china traída por tres “comparseros” del Tivolí (Rufino Márquez, Mariano Mena y Juan Ramón Sánchez) desde el Barrio Chino de La Habana, o de Matanzas añaden otros documentos,  era la cúspide de una loma. Y un aspecto coincide con la afirmación de Galí: para ese momento a pocos metros del lugar de ensayo existía una tabaquería propiedad de Alfredo Gaínza, quien en 1911 y en 1912 se ganó el primero mayor de la lotería y con el dinero levantó un hermoso edificio que aún perdura allí.

Aquí, en Princesa, entre Rabí y Callejón Santiago, sonó por primera vez en la ciudad, la famosa corneta china del Carnaval Santiaguero

Antonio “Tony” Rodríguez, quien fuera Delegado de Circunscripción durante muchos años en esa zona del Tivolí, ha hecho ingentes esfuerzos -que han estado a punto de fructificar-  por situar una tarja que perpetúe el hecho de que allí se escuchó por primera vez el instrumento.

Princesa cuando llega a Callejón Santiago tiene una suerte de mirador, desde donde se domina buena parte del área sur de la ciudad, incluida la bahía, la Iglesia Nuestra Señora de los Desamparados, la zona industrial, los muelles, la refinería, la molinera, la termoeléctrica en Renté, un complejo petroquímico, el frigorífico y el espigón de la pesca, el Hospital Militar, algunos barrios de la urbe…

Ese mirador debe haber sido construido a principios de la década de los años 50 del siglo XX y era toda una sensación, por la vista tan hermosa que ofrece. Allí poetas y músicos, después de caminar por “Princesa” y el barrio iban a enriquecer la inspiración y es casi seguro, que Waldo Leyva, impresionado por lo que veía, haya escrito su inmortal “Para una definición de la ciudad” y especialmente cuando dice “… si desde el Tivolí no se ve el mar… puedes decir que Santiago no existe”.

Callejón Santiago, luego de atravesar Princesa, llega a San Fernando. Pero a medio camino bajan escalones y Princesa sigue hasta la Alameda Michaelsen

Mas esta calle singular tuvo un inicio tenebroso, pues era el camino escogido por los “negreros” para introducir en la localidad, esclavos de contrabando, y burlar así la contribución que debían hacer a las autoridades coloniales de la ciudad. Era más o menos lo mismo que ocurría con el luego Cayo Smith y después Cayo Granma, que en la etapa del dominio hispano servía a los de la trata de esclavos: llegaban los barcos hasta la pequeña ínsula cerca de la entrada de la bahía y desembarcaban allí “la mercancía”, que mantenían oculta de las autoridades para luego llevarla de contrabando hasta Santiago de Cuba.

El sitio donde está el mirador de Princesa y Callejón Santiago era un derrisco amplísimo, desde el que los muchachos del Tivolí empinaban cometas –como se conocían aquí los famosos papalotes hechos de güin de caña de azúcar y papel de seda-. Luego, al construirse el peculiar muro en semicírculo, muchos caminantes lo usaban para descansar o se hacían fotos. Es de imaginar en un barrio tan popular, cuántos revolucionarios en la etapa insurreccional contra Batista estuvieron allí.

El famoso mirador de Princesa y Callejón Santiago, con una vista soberbia de la zona sur de la ciudad

De la popular vía hay mucho más que contar pero es bien difícil superar lo plasmado en “Nuestras calles”, compilación de las crónicas publicadas especialmente en el vespertino “Oriente”, por Raúl Rómulo Liborio Ibarra Albuerne (23 de julio de 1901-15 de mayo de 1966), nombrado Historiador de la Ciudad en 1945.

Ibarra dedica espacio a “Princesa” y la califica como una de las calles más populares del sector sur de la localidad; primero era De la Caridad o Calle Nueva de Santa Ágata, cuando partía desde la playa (la Alameda y la Calzada de Cristina), rumbo este “para buscar el Camino de Don Alonso y llegar a la loma de Los Barracones (donde ahora está la Casa de Beneficiencia), para llevar por esa senda a esclavos que traían en goletas desde África, Brasil, Santo Domingo y Venezuela…”

Ya para 1800, y aunque los vecinos la conocían como la calle de la Caridad, la vía es denominada Nueva de Santa Ágata, y 30 años después, para festejar el natalicio de la primera hija del rey don Fernando VII y su cuarta esposa, doña María Cristina de Borbón, las autoridades coloniales le cambian el nombre por el de Princesa Isabel.

Ibarra Albuerne añade: “Pronto el nombre tuvo suerte y se popularizó; pero, debido a la costumbre de acortar los nombres, la rúa fue conocida por calle de la Princesa, quitándole lo de Isabel, y luego sufrió otro “corte”, pues le suprimieron el “la” y se quedó con solo el nombre de calle de Princesa”.

Y como por el Tivolí casi todo es pintoresco, vale acotar que el Callejón Santiago, que corta Princesa, sigue y sale a San Fernando, y por esas cosas que hacen tan única a Santiago de Cuba, una parte imaginaria de la calle “vuela” por encima de casas y matorrales cerca de la Iglesia de los Desamparados, “aterriza” en Puente, entre Virgen y Rabí, y completa una cuadra para salir a Trocha.

Aquí estuvo la fábrica de tabacos Gaínza, de Alfredo Gaínza “Fendé”

Y continúa la crónica de Ibarra Albuerne:

“La calle se llamó oficialmente Princesa (popularmente se sigue llamando así) hasta que nuestro Ayuntamiento, en su sesión de la noche del 9 de agosto de 1918, acordó rebautizarla con el nombre de José de Diego.

José de Diego fue un patriota puertorriqueño que estuvo varias veces en Santiago de Cuba dando conferencias en pro de la independencia de su querida isla. Era un gran poeta y escritor, aunque también escribía en varios periódicos. Era muy amigo de Martí, nuestro Apóstol.”

Aún en el edificio está la marca AG (Alfredo Gaínza) 1927Es bien difícil encontrar a algún santiaguero, y más vecino del Tivolí, que le llame José de Diego a la calle del mirador, pues desde hace 191 años no hay quien le quite a la vía su jerarquía de Princesa.

Este es uno de los edificios emblemáticos de la calle Princesa y está a pocos metros del mirador
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2 Comentarios

  1. Una maravilla de escrito, de mi parte las gracias a Gainza por este pedazo de historia sobre nuestra ciudad que no conocía, calle que me trae los más hermosos recuerdos de principios de los 80’s, cuantas veces me paré a mirar hacia la bahía desde ese mirador, una de mis mejores amigas Vivían Pavón, vivía en esa casa de al lado del mirador, ha sido un recuerdo tan eterno que aún después de tantos años yo sigo soñando con las vistas hacia la Iglesia y bajar desde allí hasta salir a Trocha a través de Virgen.
    Quien me iba a decir que ese edificio fue una fábrica de tabacos construido con dinero ganado de la lotería, y más aún que el nombre que conocí “Princesa” fue en honor de la nacida Princesa y posteriormente reina Isabel de España. Una vez más mi agradecimiento grande por la historia.

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