Es verdad que las playas de Santiago no son de arenas blancas y finas y tienen un poco de oleaje, dependiendo el día, pero la naturaleza que las rodea, lo poco masificado y la calidad del agua y del fondo marino, compensan este déficit.
“Lo mas lindo que hay es, tener la montaña y la naturaleza a un lado penetrando al mar por el otro”.

De los nombres de las playas Santiagueras siempre me llamo la atención el de aquella tan familiar “Bueycabón”, y es que me parecía la combinación de un “buey haciendo pupu sin la “g”, pero no, en realidad su nombre es originario de la lengua taina.

“Bueycabón”, la playita más llana que conocímos en Santiago de Cuba y es que por mas que te adentras en ella una distancia de su orilla el agua te llegaba nada más hasta las rodillas y esta característica peculiar la hacia mucho más visitada por familias con niños, aunque a decir verdad en los años 70’s y 80’s muy difícil de accesar, el transporte estatal siempre estuvo destinado a las dos playas contiguas Mar Verde y Caleton, en Bueycabón no había parada de ómnibus y la forma de llegar hasta allí era en transporte privado casi siempre.

Bueycabón es una ensenada natural, un accidente geográfico de la costa suroeste, creado por el Mar Caribe formando una entrada de agua circular o redondeada con una boca estrecha, y de poca profundidad, en realidad es una pequeña bahía a la que le llamamos playa, con una belleza natural incalculable donde las montañas de verde vegetación abrazan al mar eternamente.

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Pero más allá de su entorno paradisiaco y de la virginidad extrema de “Bueycabón” están sus pobladores, esa gente descendiente de la mixtura de pirata francés con criolla hija de españoles, de haitiano con india siboney, de jamaiquino con blanca dama, o de chino con negra africana, suma de muchos genes y cuya característica predominante es la lucha diaria el trabajar sin cansancio para buscar el sustento familiar.

Agricultores de la tierra pero también Pescadores de su mar, que día a día se encomiendan a Dios y Dios los bendice con su entrega, submarinos atrevidos que conocen dónde buscar lo que la naturaleza les da, cangrejos, langostas, pulpos, pescados y hasta los Cobos, crustáceos, mariscos frescos que solo ellos nos han traído desde el mar.

Hace muchas años son estos “bueycaboneses” los encargados de amenizar la parte culinaria de la playa, como no recordar las ensartas de pescados frescos que allí podíamos comprar y hasta cocinar de la forma más rústica que puedas imaginar pero en un ambiente sin igual, frente al Mar, rodeado de montañas con esa brisa cargada de yodo que limpia los pulmones y te perfecciona las digestiones. Que decir de las frutas, mangos, guanábanas, anones, mamoncillos de la zona, para mi, el mejor de los postres con el que terminar.

Con el pasar del tiempo y el llegar de los años 90’s todo fue escaseando y cada día se hizo más difícil hasta Bueycabon llegar, a pesar de todo su gente emprendedora allí se mantuvo en su diario luchar.

No se para ustedes pero para mi la playa y sus pobladores volvieron a retomar su espíritu de siempre en los primeros 15 años del presente siglo, poco a poco la playa fue retomando el movimiento y la vitalidad de aquellos años.

Hasta mi llegó ese buen decir de los Santiagueros y visitantes y uno de esos días me decidí a experimentar lo que ya me habían comentado y hasta Bueycabón no pare,…que atinada visita!!!, desde que entramos nos comentábamos los unos a los otros, aquí huele a mar de verdad!!!.

Nos adentramos y ocupamos una de sus sombrillas hechas de madera y guano y de pronto se hizo el milagro!!! En lo que nos disponíamos a desvestirnos para un baño tomar se nos presentaron los reyes del mar con sus ensartas de pescados, todavía con el brillo y el color de la frescura natural, el baño quedó para luego porque se nos hizo “la boca agua” al ver aquel crudo manjar.

Pasadas unas horas volvieron con nuestro pedido, que calidad y que exquisites en la elaboración y decoración de aquellos platos, cuanta creatividad la de aquellos luchadores de la vida, a pesar de vientos y mareas, para nosotros fue un momento inolvidable y bendecido.

Nuestro mayor deseo y para finalizar es que el “Bueycabón” de aquellos años vuelva a ser la mejor playita familiar, la de nuestros recuerdos y que le entreguen plena libertad a los reyes de su mar para de sus manjares marinos volver a disfrutar.

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