Durante años, tuve la oportunidad de trabajar como guía de turismo internacional, y, por ende, por lo regular, en el mes visitaba en dos o tres ocasiones, junto a turistas de diferentes nacionalidades, la Necrópolis o cementerio de Colón, de Ciudad de La Habana.

Múltiples son las leyendas, hechos históricos y caprichos que encierran el acontecer de diferentes sitios o locaciones del mismo. Son múltiples. Pero hoy, voy a referirme un caso que conmovió a toda la urbe habanera.

Hay historias de amor y uniones tan fuertes que ni la muerte consigue destruir. La «Tumba de la Lealtad o de la Fidelidad», del Cementerio de Colón, es el mejor ejemplo de que cuando dos seres se aman, tienen que permanecer juntos.

Cuando Jeanette Ryder falleció, su perro Rinti no quiso separarse de su compañera, hizo de la lápida donde descansaba su nuevo hogar, de su compañía su alimento y a los pocos días murió también.

En homenaje a tan preciosa historia de amor y tal incondicionalidad sin límites, se erigió un panteón con una escultura conmemorativa del can a los pies de su ama. «Fiel hasta después de la muerte», Rinti, reza el epitafio que eternamente los acompaña.

Un poco de historia: Jeanette Ryder, fue una estadounidense, nacida en Wisconsin, que marchó a vivir a Cuba. Una vez en la Isla, dedicó su vida a la tarea de defender a los animales, protegerlos del maltrato y abuso a que se les sometía. Igualmente se oponía a las corridas de toro.

Proveía de alimento y protección a los más débiles y desfavorecidos: niños abandonados, mendigos y mascotas sin dueños. Pionera en la lucha contra el maltrato animal, recorría la ciudad socorriendo a los perros callejeros o abandonados y se enfrentaba a las personas que los maltrataban u obligaban a realizar trabajos de carga y gran esfuerzo.

En 1906, junto a otras personas que se unieron a tan noble causa, fundaron la «Sociedad Protectora de Niños, Animales y Plantas» o «Bando de Piedad», bajo el lema: «Nosotros hablamos por los que no pueden hablar».

Según cuentan algunas fuentes, el propio «Bando de Piedad», conmovido por la grandeza de su fundadora y la fidelidad de su can, fueron los responsables de levantar la bóveda con la escultura que ha eternizado el amor de ambos.

Fernando Boada Martín, artista habanero, fue el escultor encargado del conjunto pétreo, inaugurándose en el año 1944.

La tumba de Jeannette Ryder, es actualmente, una de las más visitadas del Cementerio de Colón, no sólo por su belleza y la historia que le precede, sino por ser sitio de peregrinación de los amantes de los animales, que tienen a Jeannete, como una pionera y ejemplo de la lucha contra el abuso y maltrato.

  • Escrito por Alberto Dionisio Cartaya Malherbe
Tumba de la Lealtad o de la Fidelidad

La historia de la dama del perrito

En el Cementerio de Colón en capital cubana salta a la vista la escultura de una mujer acostada, y a sus pies, un perrito. La mujer Jeannette Ford nació en Estados Unidos, y llegó a La Habana a principios del siglo XX, donde fundó el Bando de Piedad de Cuba, una sociedad dedicada al cuidado y la protección de niños y animales.

De su leyenda son narradas dos versiones: Una de ellas dice que al morir en 1931, su perro Rinti permaneció a los pies de la tumba hasta morir. El otro relato cuenta que el perro venía diariamente hasta la tumba de su dueña y se echaba a los pies de ella durante todo el día, hasta que murió de tristeza en el lugar.

Esa historia inspiró al artista Fernando Boada para crear la escultura “La Tumba de la Fidelidad”, singular obra que refleja la lealtad y nobleza del perro hacia el ser humano, como recompensa a la labor humanitaria que esa mujer desarrolló.

Tomado de Radio Reloj

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