lunes, septiembre 20, 2021
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Félix B. Caignet: Santiaguero creador de la radionovela en América Latina

Aquí les cuento la increíble relación de historias entre nuestro Félix B. Caignet, el padre creador de las telenovelas, y esa loma santiaguera donde se ubica hoy en día el hermoso edificio del “Palacio de La Torre” y su Plácida Roja. Justo en esta esquina de Pérez Carbo y Trocha radicaba la CMKD, lugar donde se iniciaron las transmisiones de “Chan-Li-Po”, el primer espectáculo seriado detectivesco que se radió en Cuba y en toda America, hechos, personalidades y lugares de nuestra ciudad que presenciaron grandes momentos en nuestra historia sociocultural y que quizás no muchos conozcan.

Comenzaré por destacar la personalidad y trayectoria de este Santiaguero/Sanluisero. El padre de las telenovelas (culebrones) que atrapan a muchos frente a las pantallas de la tele, fue el cubano Félix B. Caignet, nacido en el santiaguero municipio de San Luis, en el seno de la acaudalada familia de Caignet Salomón de origen franco-haitiano. Mulatos todos se asentaron en el siglo XIX en la zona agrícola de Santa Rita de Burene, antes perteneciente al municipio San Luis, actualmente a Palma Soriano. A los siete años de edad se establece con su familia en Santiago de Cuba.

Su nombre, Félix Benjamín Caignet Salomón. Vino al mundo, para suerte de la radio y la televisión, el 31 de marzo de 1892. Su formación fue completamente autodidacta. Muy temprano comenzó a laborar escribiendo noticias de los espectáculos que se presentaban en Santiago de Cuba, introduciéndose así en el medio cultural. Más tarde escribiría para medios tan populares como “El diario de Cuba”, “El Fígaro”, “Bohemia” y el periódico “El Sol”.

Llega a La Habana por vez primera en 1920 gracias a la invitación que le envía Enrico Caruso para que presenciara sus ocho funciones, la que acompaña con un giro por doscientos pesos para los gastos.

En la década de 1930 entra a formar parte del colectivo de la emisora CMKC, realizando el programa infantil, donde acometió la narración de amenos y divertidos cuentos de su inspiración y de temáticas muy desiguales.

Al comenzar a transmitirse la serie para niños “Chilín y Bebita”, comienzan a darse los sustanciales aportes de Félix B. Caignet a la radio. Aquel espacio llevaba un alto contenido didáctico. Y fue así como introdujo en la radio el “género episódico”, enganchando a sus jóvenes oyentes con la curiosidad de saber cómo continuarían aquellas historias. Una fórmula vigente aún hoy en día. Fue entonces que comenzaron a aparecer programas para niños en la radio, pues hasta entonces no habían visto interés comercial en este tipo de espacios.

Félix B. Caignet

En 1932, en el teatro Rialto estrenó la canción infantil “El ratoncito Miguel”, la que fuera utilizada por el pueblo más adelante para protestar contra el dictador Gerardo Machado. Hecho por el cuál fue detenido tres días en el Cuartel Moncada, pero fue puesto en libertad, gracias a las manifestaciones de los padres y niños que simpatizaban con su labor en la radio.

De regreso a este medio, a través de la CMKD ubicada en el “Palacio de la Torre”, de Santiago de Cuba, inicia las transmisiones de “Chan-Li-Po”, primer espectáculo seriado detectivesco que se radiara en Cuba, llevado más tarde al cine con la película, La serpiente roja (coincidentemente el mismo título del primer capítulo que se transmitió) constituyendo el primer largometraje cubano de ficción.

La sinopsis del dramático cuenta que se desarrollaba en una mansión inglesa donde ocurren varios crímenes para hilvanar una historia de equívocos, avances y retrocesos. El jefe de una familia muere en circunstancias extrañas. La hija solicita los servicios del detective Chan Li Po, quien reconstruye los hechos en una mansión de oscuros pasadizos y escondrijos, en la periferia de Londres.

La serie radial “Chan-Li-Po”, tuvo sus antecedentes en el teatro bufo cubano donde El Negrito, el Gallego y la Mulata fueron arquetipos dominantes, cuya mezcla étnica y cultural se enriqueció con la incorporación del Chino.

Tras la inmigración asiática a Cuba en la segunda mitad del Siglo XIX, el componente chino se convirtió en el tercero más significativo de la cultura cubana.

Con el paso de las décadas, los chinos llegados a Cuba en condiciones de semi esclavitud, se extendieron con la descendencia a varias regiones de la geografía insular. Allí eran identificados por la laboriosidad y por aquella aparente inocencia, perpetuada en la frase “Te engañaron como a un chino”.

El éxito de la serie “Chan-Li-Po”, del escritor Cubano Félix B. Caignet, adentrada la tercera década del siglo XX, en Santiago de Cuba, radicó principalmente en que por primera vez apareció un Chino diferente, fuera de los estereotipos anteriores, este vivía en el aire y cientos de personas lo idealizaron.

Era 1934 la radio emisora CMKD, ubicada en el céntrico “Palacio de la Torre”, lanzó al aire la serie “Chan Li Po”, escrita por Félix B. Caignet quien iniciaba así el género detectivesco en la radio cubana.

Como muchos elementos de la época, la serie fue resultado de un mimetismo condicionado por el cine estadounidense y el personaje Charlie Chan, interpretado por Werner Oland. Sin embargo, el Chang cubano se criollizó con «flijole neglo dolmido» y «plátano madulo flito» y «chilindlón de chivo».

El autor, B. Caignet lo personificó con «una figura alta, gallarda, y simpática, de ojos pequeños y escrutadores que revelan una mezcla de bondad y decisión, de tenacidad: una tenacidad tranquila, que parece estar por encima de todas las flaquezas».
Como todos los Chinos, además de la sagacidad, una de las principales armas de “Chang Li Po” era la paciencia, mucha paciencia.

Para interpretar al personaje chino es elegido el prestigioso actor guantanamero Aníbal de Mar, oriental por más señas, quien le pone voz, primero en los estudios de la CMKD, luego en los consorcios radiofónicos de La Habana.

El personaje fue la imagen de jabones, revistas y confituras; y finalmente llegó al celuloide, al protagonizar el primer largometraje cubano de ficción, «La serpiente roja”.

Los oyentes de la época “vieron” a este chino singular vestido impecablemente, con un físico condicionado por el asiático favorecido por el teatro: alto, mirada profunda, ojos rasgados pero impresionantes, bigotes y perilla discretos, y no podían faltar los gestos de “gente de clase y reposada”.

“Chan-Li-Po”.

En la historia de la radio cubana, “Chang Li Po” trasciende como el primer personaje notablemente reconocido. La trasmisión de la primera serie de aventuras del chino desde el “Palacio de la Torre” santiaguero, con su primer capítulo “La serpiente roja”, introdujo también por primera vez al narrador como el Dios omnipotente que todo lo ve y sabe.

Por vez primera, Matías Vega, narrador-locutor de CMKD y posteriormente de CMKC, tuvo el privilegio de describir las peripecias del chino, dibujando con la voz los escenarios en los que transcurrían los episodios.

Además de crear argumento y libreto, B. Caignet encarnó personajes de reparto que acompañaron al chino, escogió música para ambientar escenas, las sacó al aire, dirigió actores, hizo pasos, puñetazos y todos los sonidos que podía crear un “ruidero” (efectista) de la época.

Las calles cubanas quedaban desoladas a partir de las ocho de la noche y se reanimaban después, en corrillos que comentaban el tema predominante, la serie del detective chino, quien con privilegiada y parsimoniosa sabiduría, desentraña misterios del hampa.
Félix B. Caignet se volvió un hombre de empresa que recorría las capitales de América, lograba imponer el argumento en emisoras continentales.

B.Caignet escribió unas 200 comedias y sobre 300 obras musicales: sones, guarachas, boleros, guajiras, música infantil, decenas y decenas de composiciones de honda raigambre cubana surgen de su fecunda inspiración. Tal vez las más conocidas son: Frutas del Caney, estrenada por Franz Antúnez y popularizada por el Trío Matamoros, Te odio, que recrea Rita Montaner, el 18 de abril de 1928 en el Teatro Payret, en la Habana; Carabalí, Montañas de Oriente, Quiero besarte, Mentira, En silencio.

En 1947, Caignet tuvo una idea brillante. Mezcló todos estos ingredientes, pero añadiendo un fondo sentimental. Y ya en 1948, comienza a radiarse la reconocida internacionalmente como primera “radionovela” de Latinoamérica, “El derecho de nacer”, la que se convertiría en paradigma para este género que aquí nacía, en esta radio de una ciudad cubana, y que se extendería rápidamente a otras naciones del continente, y el mundo, y que sirviera de base para el nacimiento de las telenovelas, que más tarde, con su prolongada extensión de interés puramente comercial, llegarían a ser llamadas “culebrones”.

“El derecho de nacer”, paradigma de las telenovelas en el archipiélago cubano, se estrenó en la nación caribeña el 1 de abril de 1948. En 1952, con esta novela Félix B. Caignet llega a la fama, primigenia en Cuba, América y el Mundo.

Esta obra resultó de tal impacto que por ella llegaron a suspenderse secciones del Congreso de la República y cambiar el horario de iglesias. Alcanzó resonancia internacional en filmes y versiones de radio y TV, fue escrita en la década de los años 40 del pasado Siglo XX.

Félix B. Caignet une a sus grandes méritos el de ser un genuino innovador de la radio. Con él surge para Cuba y América toda, transmitido desde el “Palacio de la Torre” de Santiago de Cuba, el espectáculo radial de continuidad, el género detectivesco, el suspenso, el falso suspenso y el narrador, que antes no se concebía, y que constituye un factor vital de una estructura novelística. Con el narrador se abren nuevas fuentes a la locución en dimensiones de mayor rigor estético. A esto hay que añadir la redundancia y la reiteración, fundamentales en la difusión radial de los libretos de este escritor sagaz y legítimo hombre de radio.

Félix B. Caignet el padre creador de las Telenovelas, muere en La Habana, el 25 de mayo de 1976. En su memoria, y frente al féretro que desciende a la tierra amada en el Cementerio de Colón, se dejan escuchar como en un susurro, las notas de Te odio, su canción más popular, y seguidamente, Sin lágrimas, cantadas a capela por el Dúo de las hermanas Martí. Germán Pinelli y Raúl Selis despidieron sus honras fúnebres.

El 25 de diciembre de 1992, sus restos fueron trasladados a la Ciudad de Santiago de Cuba atendiendo a su deseo de:
«Descansar junto a mis padres, frente a las lomas de El Caney».

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