Una de las versiones más aceptadas del origen de esta frase del costumbrismo cubano, es la que la relaciona con lo ocurrido en el Guatao en 1896. Pueblo situado al Norte de La Habana, fundado en 1750.

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Cuentan que en una fiesta celebrada entonces, cuando el clima político en la Isla, con la reanudación de la guerra por la independencia en 1895, era sumamente tenso por la nueva contienda, un numeroso grupo de voluntarios, soldados españoles y guardias civiles, al mando del Capitán Calvo, cometieron una masacre en ocasión de celebrarse una fiesta en el pueblo, renombrado por la cantidad de independentistas que en él habitaban. Como resultado del criminal acto hubo 18 muertos y 32 personas quedaron en tal estado de gravedad que poco tiempo después también perecieron.

Otras versiones en el rumor popular apuntan distintos motivos. En una de ellas se dice que negros congos, borrachos, en pleno festejo comenzaron a pelear y a machetazos terminaron la fiesta; también se habla de pobladores enardecidos que atacaron al zapatero del pueblo, al ver el calzado que portaban deshacerse con el aguacero que por sorpresa se invitara al baile y en una tercera versión se señala una pelea de un amante, herido en el orgullo porque su compañera estaba en la fiesta sin él saberlo y al enterarse, fue y empezó a ofenderla, pero la mujer, de fuerte temple, hizo riposta utilizando su zapato como arma, lo que produjo una pelea generalizada entre los participantes.

¿La fiesta del Guatao fue bronca de jaladera en medio de una celebración religiosa afrocubana? ¿La motivaron los celos y la furia de un marido burlado o la determinación de un grupo de hombres dispuestos a vengar una estafa? Grabado: Día de Reyes/ Federico Miahle, 1855.

Lo que no deja duda y todo cubano entiende, cuando se dice algo termina o presagia su fin “como la fiesta del Guatao”, no se trata de cosa buena, ni de disfrute de jolgorio.

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