Este 29 de noviembre se cumplieron 20 años de la declaración de Patrimonio de la Humanidad, por la Unesco, del Paisaje Arqueológico de las primeras plantaciones cafetaleras del sudeste de Santiago de Cuba, momento que marcó un hito en el trabajo de esos importantes sitios dispersos en la geografía montañosa de la provincia oriental.

La Doctora en Ciencias del Arte Yaumara López Segrera, jefa de departamento del grupo de trabajo del Paisaje Cultural Cafetalero, destacó a la Agencia Cubana de Noticias que durante el siglo XX se profundizó en el conocimiento de esas reliquias y de manera particular en la segunda mitad, con numerosas investigaciones que aportaron los elementos necesarios para concebir un expediente en la aspiración de integrar la selecta lista.

A partir de ese momento, indicó, se generaron intereses para concretar acciones con el fin de salvaguardar esa riqueza patrimonial, sin dejar atrás la continuidad de los estudios.

Fue así, detalló, como accedieron a fondos que permitieron ejecutar los trabajos con la Oficina del Conservador de la Ciudad (OCC) y la Fundación franco-belga Malongo, esta última interesada en apoyar y cooperar en el rescate de la hacienda cafetalera Fraternidad.

Al igual que La Isabelica, en la Gran Piedra, uno de los cafetales franceses, mantenía la mayor parte de sus elementos domésticos y del procesamiento industrial, con posibilidades de una rehabilitación integral, acotó.

Explicó que al año 2010 llegaron con ideas muy claras hacia donde dirigir esos esfuerzos y para el mejor estudio y aprovechamiento de los recursos materiales y humanos establecieron dos circuitos fundamentales de haciendas cafetaleras para trabajar de manera más directa.

Uno de ellos, puntualizó, es Gran Piedra, donde existe el Museo La Isabelica, con objetos vinculados a la vida cotidiana de un cafetal con el procesamiento industrial del grano.

Cuenta ese paraje con un motel de montaña rodeado de un paisaje maravilloso, el accidente natural que devino atractivo y el jardín botánico, siendo un circuito con elementos que lo fortalecen como espacio listo para una gestión económica sostenible, precisó Yaumara López Segrera.

El número dos: Fraternidad, tiene numerosas poblaciones relacionadas con la hacienda de igual nombre, y hacia ese lugar se dirigieron las acciones de conservación en la primera etapa del proyecto Los caminos del café, agregó.

Ello requirió, dijo, una investigación arqueológica -que no existía- para conocer todos los elementos susceptibles a restaurar y desde 2013 hasta el 2019 se trabajó con mucha fuerza.

Sobre esos espacios culturales comentó su complejidad, porque no solo permanece allí un patrimonio material en medio de la naturaleza, sino también personas con aspiraciones y problemáticas.

A la hora de accionar en el patrimonio material no se puede olvidar el espiritual y esas poblaciones son un reservorio cultural de extraordinario valor, que no pueden desestimarse cuando se trabaja en espacios rurales como este, de difícil acceso, enfatizó.

Hasta 2019 se contó con el financiamiento de la Unión Europea, la Fundación Malongo y la OCC y luego de concluir esa etapa comenzó una nueva con un macro proyecto que tiene su sede en el Centro Interpretación y Divulgación del Patrimonio Cultural Cafetalero de Santiago de Cuba, conocido como Casa Dranguet, concluyó Yaumara. 

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