No creo. Al menos para mí, cuando era niño, no había placer más grande en la vida que sentir el viento chocando contra mi cara cada vez que uno podía tirarse en yagua en la loma más cercana. Era uno de los juegos tradicionales cubanos que más me gustaba.

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Era mágico también aquello de sentir la hierba bajo las nalgas de uno, mientras se deslizaba en una yagua, que bien podía ser tamaño extra grande y albergar a todos los socios del barrio, o personal.

La mejor parte, cuando nos lanzábamos todos en un mismo “vehículo”, era llegar al final de la loma, momento en que salíamos desparramados, caíamos uno encima del otro, dábamos maromas… aquello era la emoción más grande del día.  

Me sentía corredor de carreras de fórmula uno, o de moto GP, trazaba la mejor ruta, aplanaba la hierba para rodar mejor, eliminaba las piedras y ramas de árboles, buscaba la mejor técnica para un deslizamiento óptimo, inspeccionaba para hallar huecos, baches… aquello exigía pura ciencia.

Me gustaban los trompos, más si eran de madera que llamábamos cebollitas y que ya nadie hace, también jugar al fanguito con un cuchillo de mesa, o las bolas, pelota, voleibol… pero la mayor emoción era tirarse en yagua.

A veces ni era una yagua. Podía ser cualquier parte que se desprendiera de una palma, a la hora de deslizarse, cualquier gajo servía. Esa es la verdad.

Lamentablemente no lo pude hacer todo lo que quise cuando era niño. Para bien o mal nací en la ciudad de Santiago de Cuba, en un lugar que las lomas estaban asfaltadas, o mal asfaltadas.

Cuando más pude lanzarme si visitaba algún pariente en la zona rural, o amistades, o cuando acompañaba a mi mama en sus viajes a los municipios. Aunque, he de confesar, que de vez en cuando también lo hice en el Bosque de los Héroes, o frente al Hotel Meliá Santiago, en una diminuta loma… que igual, era la vida misma.  

La yagua es la vaina de tejido fibroso que rodea la parte más alta y tierna de ciertas palmas, en Cuba es usual la que se desprende del árbol nacional que, además, por sus amplias dimensiones se prestan para “sprints” de varios niños al mismo tiempo.

En Cuba se usa en la construcción de paredes y techos de bohíos, esos que ya casi uno ni ve tanto, también se emplea en envolturas de tabaco en rama, además de que las personas más habilidosas la usan de materia prima para confeccionar cartera y abanico.

La palabra yagua en la cultura popular, se le asocian algunas frases.

Algunas de ellas son: “busca una yagua para tirarnos por esa baja”, o decirle a alguien “tú tiene lo pie como una yagua”, o decir un yaguaso como sinónimo de un golpe.

Existe un refrán muy cubano que versa: “la yagua que está pa´ uno no hay vaca que se la coma”, y en dependencia del lugar donde se esté, pueden escucharse variaciones como “la yagua que está pa´ uno no hay burro que se la coma” o “… no hay chivo que se la coma”.

De cualquier forma, en una u otra variante, en buen cubano significa que lo que uno tiene predestinado en su camino, sea bueno o no, nada ni nadie puede impedirlo.

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