No es el Pico Turquino, considerado el mayor desafío de senderismo en Cuba, tampoco ofrece el aroma francés de la escalada a la Gran Piedra. Sin embargo, el Puerto de Boniato, a tan solo ocho kilómetros del centro histórico de la ciudad de Santiago de Cuba, posee una de las vistas más espectaculares hacia la urbe y un reto al caminante osado que no tema a los dolores en las articulaciones.

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El singular sitio de la geografía montañosa santiaguera fue construido por los norteamericanos, así como la carretera que le da acceso. Ambas obras fueron ejecutadas bajo la iniciativa del gobernador general militar de la isla, Leonardo Wood.

Se tiene la certeza de este particular origen pues en una de las curvas de la carretera, posiblemente la más peligrosa pues su inflexión es de 180°, existió una lápida de bronce que tenía plasmados los nombres de los ejecutores de la obra ingenieril Puerto de Boniato.

curva de la lapida
Curva de la Lápida. Foto J. Loo Vázquez

Dicha pieza de metal fue sustraída años después, hasta la fecha se desconoce su paradero, pero le dio nombre a ese fragmento de carretera, apodado como la Curva de la Lápida. 

Diferentes referencias de la época, entre ellas antiguas publicaciones, referencian que el Parque Mirador Puerto de Boniato, en la etapa republicana (1902-1958), era uno de los lugares de mayor atracción turística en la ciudad de Santiago de Cuba.

Así lo corroboran personas que hoy son de la tercera edad quienes comentan que ir al Parque Balcón Puerto de Boniato, como también se le llamaba, era un paseo familiar. Se comía muy sabroso en uno de los varios restaurantes que existían, los niños correteaban y se disfrutaba las actividades al aire libre, mientras que de noche era un espectáculo visual las luces de la ciudad. 

No era un sitio elitista, pues acudían a él personas de todos los colores y estratos sociales, aunque el acceso más fácil era en automóvil, hecho que ciertamente limitaba la afluencia de todo tipo de público.  

El lugar, durante décadas, acompañó a santiagueros de diferentes generaciones que han inmortalizado ahí lo mismo sus fotos de quinceañeras, su necesidad de hacer senderismo y de actividades variadas al aire libre, o más reciente en el tiempo, el deseo de la aventura parapentista en Cuba.

Puerto de Boniato, El Espíritu de la Montaña
El Espíritu de la Montaña, escultura de René Valdés Cedeño, en el Puerto de Boniato, en Santiago de Cuba. Foto J. Loo Vázquez

El Espíritu de la Montaña, reina del Puerto de Boniato

Símbolo indiscutible del Puerto de Boniato, incluso en una época llegó a ser bastante reconocida más allá de las fronteras provinciales, “El Espíritu de la Montaña” es una hermosa escultura de mármol blanco en la que se representa una mujer.

La figura femenina, que con una mano se protege la cara de los intensos rayos de sol, invita a observar la belleza del horizonte y del paisaje que se muestra al visitante.

escultura la reina de la montana 3

Esta es una de las obras más importantes del artista René Valdés Cedeño, el mismo que ganara el concurso de proyectos para el Monumentos a Abel Santamaría, sin embargo, es una escultura bastante desconocida en la actualidad para muchos santiagueros.

A dicha obra le acompaña una pequeña campiña, un rústico ranchón de comida criolla, un zigzagueante muro mirador y, por supuesto, la increíble vista, sin dudas la protagónica del sitio.

La propia escultura, la disposición de la mano, sugiere entornar los ojos y mirar hasta donde la mirada pueda llegar: la bahía, algunas de las edificaciones emblemáticas de la urbe, el ojo aguzado descubre la Catedral, más cerca una represa y la temida cárcel de Boniato…

Puerto de Boniato en la actualidad

Quien llega al Puerto de Boniato se topa un lugar de extremos: por un lado, la naturaleza hermosa, con un verde en todo su esplendor, y visuales que enamoran; mientras que por el otro está la desidia humana.

A la vista, uno de los atractivos turísticos más importantes de la ciudad en el pasado siglo, se devela hoy en bancos incompletos, raídos, pedazos de lajas que extrañan las pocas personas que se sientan en ellos, pilotes de concreto donde antes hubo mesas de picnic, senderos enyerbados, restos de luminarias, cachumbambés oxidados, una pequeña casetica abandonada y cerca las huellas de una pareja que inmortalizó su amor en un muro de décadas de existencia, protegidos por la desolación del lugar.

A lo lejos, con los inequívocos síntomas de una pareja furtiva, dos personas se dan de esos besos desenfrenados que sólo se sueltan cuando no hay nadie cerca. A varios metros, mimetizados por el desnivel, los árboles y las jardinerías, y completamente desapercibidos por aquellos dos, conversan algunos trabajadores del ranchón próximo.

Los parapentistas casi han vuelto a colocar al Puerto de Boniato en el mapa pues este sitio de la ofrece condiciones ideales para la práctica de dicho deporte en la isla.

Sin embargo, más allá de estos deportistas y de algunos osados que aún se interesan por conocer un poco los recovecos de su terruño, es difícil acceder a un sitio donde el transporte estatal es bastante precario y llegar a él es caer en los precios del sector privado.

En medio de una campaña por evitar las aglomeraciones sociales, por promover el esparcimiento sano y al aire libre, uno de los miradores más importantes –por no decir el principal– de la ciudad de Santiago de Cuba se vuelve bastante inaccesible.

carretera puerto de boniato 4

Un “pizicorre”, que no es más que la versión santiaguera del “almendrón”, cuesta desde la ciudad hasta el entronque del Boniato unos 5 pesos por cabeza. Desde este sitio, y hasta el puerto, son 10 pesos. Serían 15 por persona, 30 si es pareja, y 60 los viajes de ida y vuelta para dos, sólo por concepto de transportación.

Si decides usar otra forma popular de moverse, los motores, básicamente es pagar lo que ellos soliciten, aunque el precio oscila, para que se tenga una idea, los 50 pesos sólo en la zona más montañosa, desde el entronque de Boniato hasta el Puerto. Por último, no se puede dejar de mencionar que en época de escasez de combustible esas cifras aumentan.

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Incluso aquí funcionan las populares mototaxis. Foto J. Loo Vázquez

Mínimo 60 pesos de transporte por pareja y en el restaurante se dejan también buena parte de la billetera. Dos personas, consumiendo sólo jugo, sin cerveza, agua embotellada, y tres raciones de plato fuerte, tres arroces moros y cristianos, y tres raciones de chatino, porque son muy poco generosos en las cantidades, se van unos 140 pesos. Al final, se necesitan unos 200 pesos para ir a conocer el Puerto de Boniato. 

Incluso con un incremento salarial en el horizonte, pocas personas se pueden gastar más de 200 pesos en conocer un lugar que, por demás, tenga poca oferta gastronómica, de bebidas, precarias opciones recreativas, más allá del paisaje y de disfrutar el aire libre, y donde a la legua se perciba la desidia.

Conocer el Puerto de Boniato, lugar diseñado y creado por los americanos en Cuba y que corre el riesgo de ser poco conocido por generaciones actuales de santiagueros, pasa más por la voluntad personal que institucional o gubernamental, lo que limita a la que fuera una opción maravillosa de turismo ecológico y citadino, en una decisión personal.

Tomado de Cibercuba

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