En 1899 se decide erigir una edificación para la “Escuela Normal para Maestros de Oriente” en Santiago de Cuba, para ello se escogen los terrenos de la antigua Loma del Cementerio de la Santa Ana, lugar donde estuvo enclavado también años después el Torreón conocido como “El Palomar”.

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Los terrenos donde se encuentra enclavada hoy la antigua “Escuela Normal para Maestros de Oriente”, conforman la parte más elevada de la ciudad. Según datos ofrecidos en el mencionado artículo “La Escuela Normal de Oriente”,del Boletín Acción Ciudadana, el edificio de la Escuela está ubicado “a 37 y medio metros sobre el nivel del mar. La distancia más cercana a nuestra bahía está en dirección al Oeste, estimándola en un cálculo aproximado de 1500 metros, lo que significa que su declinación hacia el mar es de 2 y medio centímetros por cada metro lineal; siendo su parte más violenta del declive en los primeros 500 metros, lo que proporciona a la Escuela y a todo lo adyacente una vista extraordinaria y hermosa, porque domina una extensión considerable de nuestra gran Sierra Maestra por el Oeste, Norte y Este, y una gran parte de nuestra tranquila y amplia bahía”.

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En efecto, desde los alrededores de “La Normal” se disfruta de una vista única de la Sierra Maestra, siendo posible verla en casi toda la extensión de su eterno abrazo a la ciudad, sólo inconcluso por la presencia de la bahía. Es fácil imaginar que, en tiempos de la Colonia, cuando aún los afanes constructivos de la ciudad no constituían una amenaza para el paisaje, y la vista no chocaba con la agresiva arquitectura que la necesidad impuso en las últimas décadas, los transeúntes podían degustar del delicioso placer de abarcar en una mirada, la maravillosa amplitud del paisaje urbano reflejado en el apacible espejo de la bahía.

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Escuela Normal para Maestros de Oriente
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Arzobispado
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Asilo de ancianos desamparados Siervas de San José.

El terreno estuvo ocupado en el siglo XIX por el Campo Santo o Cementerio de la Iglesia Santa Ana, cuando el 6 de noviembre de 1813 es aprobado un decreto por las Cortes españolas, con vistas a la formación de los cementerios fuera de los poblados que aún no hubiesen cumplido con este requisito, sonó a ultimátum, por lo que el arzobispo se vio conminado a aprobar la construcción del cementerio.
Finalmente, en el mes de julio de 1822, la comisión nombrada por el Cabildo santiaguero para la seleccionar la ubicación del camposanto, se decidió por los terrenos cercanos a la iglesia de Santa Ana, justo en el área donde hoy se ubica la Clínica de los Ángeles, la antigua Escuela Normal para Maestros, y el Arzobispado de la ciudad.
Entre las ventajas que la Comisión encontró en este sitio se mencionaba que:
“era una zona elevada y bastante alejada del centro del centro de la ciudad, donde los vientos de norte no corrían, el terreno era sólido, donde se podía perfectamente hacer excavaciones”.
Sin embargo, muy pronto la necrópolis santiaguera se vio en una situación similar a la enfrentada por los cementerios parroquiales, el intenso crecimiento poblacional y su expansión hacia zonas aledañas al cementerio, incrementaron las sucesivas epidemias de cólera morbo, haciendo evidente la necesidad de una nueva ubicación para la necrópolis.
En 1834, se comenzó a valorar la construcción de otro cementerio cerca del Camino Real de la Isla. Para el año 1858, se compraron los terrenos del cementerio Santa Ifigenia, los mismos donde permanece en la actualidad. En 1867, la Junta Provincial de sanidad, solicitó al gobernador oriental, la clausura del Cementerio de Santa Ana.

Los terrenos estuvieron cerrados hasta el 1895 en que las condiciones naturales de este sitio fueron aprovechadas por los españoles quienes construyeron allí el llamado Torreón “El Palomar”, un gran torreón de dos pisos en forma octogonal, que sirvió de guarnición a las fuerzas combativas durante las guerras contra los independentistas cubanos. Este torreón ganó su nombre debido a que desde él se mantenía comunicación, por medio de palomas mensajeras, con las patrullas del ejército español que se encontraban destacadas en los diferentes frentes establecidos en diversos sitios de la ciudad y en las intrincadas montañas de la Sierra Maestra. Para el inicio de la guerra de 1895, las tropas españolas perfeccionaron su procedimiento de comunicación por medio de la instalación, en lo alto del segundo piso del torreón, de un heliógrafo, el cual aprovechaba la luz solar para establecer contacto con el casi medio centenar de fuertes y fortines que rodeaban la ciudad. Durante las noches usaban luces adecuadas para mantener las comunicaciones.
El 16 de julio de 1898, la ciudad de Santiago de Cuba rinde sus guarniciones como resultado de los combates establecidos en las afueras de la urbe contra las tropas cubano-norteamericanas. De esta forma, terminaron las actividades de El Palomar, convirtiéndose desde entonces en un lugar histórico dentro de la ciudad.

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Precisamente, de esta historicidad del torreón El Palomar, se cuenta que surgió la idea de crear una escuela, según narra Leopoldo García en su artículo:
“En 1899 nos visitan unos ciudadanos norteamericanos del Estado de Massachussets y uno de ellos, encaramado sobre “El Palomar”, frente a la atalaya, sugiere la idea de destruir este torreón y en su mismo lugar, implantar una escuela pública, sustituyendo en esta forma un edificio de guerra por otro de enseñanza elemental y cultural”.

Para realizar la edificación se obtuvo apoyo financiero de ciudadanos de estado norteamericano de Massachussets, quienes aportaron $10 000.00 y $ 30 000.00 por parte de los Fondos del tesoro, los cuales fueron entregados al Gobernador General de la Isla, Leonardo Wood, quien se comprometió de inmediato con las labores, la obra tuvo como proyectista principal al ingeniero W.M. Black del cuerpo de ingeniero de los Estados Unidos.
En 1902 se dio por terminada la construcción del edificio en el cual se instaló la Escuela Pública No.1, más conocida como Escuela Modelo, fue inaugurada el 10 de Octubre del mismo año.
La placa de bronce empotrada sobre la entrada de la Escuela, hace referencia a la creación de esta obra en los siguientes términos:
“Construido 1900-1902 -Leopoldo Wood, USA
-Gobernador General de la Isla de Cuba.Col. S.M. Whitside, USA.
-Comandante Militar-Mayor W. M. Black, USA.
Mayor H.F. Hodges, USA.-Jefe de Ingeniería del Departamento de Cuba.
-Capt. S.D. Rockenlach, Ingeniero del Distrito.
-Lugarteniente M.F. Hanna, USA
-Comisionado de Escuelas Públicas.– G.W. Armitace, arquitecto.
– Algunos individuos del Estado de Massachussets han donado $10.000.00 para esta obra”.

Sobre sus valores arquitectónicos:
“El proyecto del edificio esta inspirado en los Modelos arquitectónicos de las escuelas norteamericanas, con planta en forma de H y dos niveles, el primero para aulas, y el segundo, inicialmente, a patio cubierto, éste posteriormente se transformó en salones para aulas. Puede inscribirse dentro del Estilo neocolonial, y constituye un ejemplar único en su tipo en Santiago de Cuba.
Fue construido con piedra traída de Río de Grande, confeccionada en grandes bloques escuadrados que le imprimen a la fachada una textura singular, las maderas de puertas, ventanas, escaleras del vestíbulo y techo son de Ciprés y Pino de Georgia, Pino blanco, Cedro, Sabicú.
La carpintería de los dos niveles es sencilla y funcional, en el primero es de pivotes verticales con paños de cristal, en el segundo presenta una secuencia de arcos de medio punto con lucetas fijas y batientes encristalados. Los planos de cubierta inclinada en los corredores y el segundo nivel están conformados a partir de tejas francesas que le imprimen una roja coloración a esta sobria edificación”.

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La Escuela Modelo se mantuvo en funcionamiento hasta el 10 de octubre de 1916, cuando en sus instalaciones, y las del edificio anexo (que había quedado listo el 15 de julio de 1902), se estableció la “Escuela Normal para Maestros de Oriente”.
En sus Crónicas de Santiago de Cuba, Carlos E. Forment recuerda esta fecha y brinda algunos detalles sobre la constitución del claustro:
“… En horas de la mañana se efectuó la inauguración de la Escuela Normal para Maestros, cuyo primer director fue Enrique J. Molina y Cordero, doctor en Pedagogía y Derecho Civil y notario público a quien acompañaban la señora María L. de Deas de Mancebo, Dr. César Cruz Bustillo y Libia Escanaverino de Beltrán, médicos ambos, Isabel Lora Yero, maestra de instrucción pública y Daniel Serra Navas, profesor de trabajos manuales, secretario de la escuela.
En el curso siguiente, año escolar 1917 a 1918, ingresaron los profesores: Max Henríquez Ureña y Esperanza Quesada Villalón, doctores en Filosofía y Letras y Derecho Civil, Rodolfo Hernández Girón, pintor y escultor, y Serafina Portuondo Dolman, profesora de piano.”

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La primera graduación de la escuela se llevó a cabo en 1920 y consistió de treinta y dos muchachas y tres varones. Ya para la década del cincuenta, las matrículas sobrepasaban los cuatrocientos alumnos entre hembras y varones.
En el uniforme típico de las (los) estudiantes de La Normal, sobresalía la corbata, cuyos colores identificaban el año cursado. Así, las (los) estudiantes de primer año usaban corbata azul, los de segundo roja, en tercer año se portaba una corbata de color marrón, y el cuarto año se distinguía por el color verde.

Para el año 1947 (en que se escribió el artículo de Acción Ciudadana) en el piso alto funcionaba un aula con su laboratorio de Física y Química, otra de Trabajo Manual Económico-Doméstico y otra de Trabajos Manuales en general para hembras y varones (en una de las fotos mostradas en la exposición del lobby de la edificación en la actualidad, se pueden ver a los alumnos durante una clase de manualidades). Como resultado de estas últimas clases se exhibían, en ese entonces en una sus aulas, dos maquetas hechas a la perfección por los alumnos. En una de ellas se representa el antiguo torreón “El Palomar” y la otra a la Escuela Normal de Oriente.

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En su Planta Baja funcionaban cuatro aulas destinadas a cada uno de los cuatro cursos que representan los estudios superiores correspondientes a la graduación de Maestro Normal, según Leopoldo García, estaban distribuidos de la siguiente forma:
“en la parte sur del edificio están los de primer y segundo año, y en la parte norte, las de tercero y cuarto año”.

Otras áreas que conformaban la escuela eran: el Aula Magna “Floro Pérez”, destinada a la música y con una capacidad de 8×16 metros, la Escuela Superior Anexa, donde se preparaban los estudiantes que aspiraban a ingresar a “La Normal” y cuya primera directora fue Elisa González, según consta en una pequeña tarja de mármol colocado en la base que soporta el asta de una bandera, la Biblioteca, con su admirable colección de textos en lengua castellana y los amplios terrenos deportivos en los cuales se practicaba fundamentalmente baloncesto.

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Los amplios terrenos deportivos en los cuales se practicaba fundamentalmente baloncesto, allí, todavía es común ver a no pocos santiagueros, y santiagueras, practicar diversos deportes, aun cuando con el transcurso del tiempo el abandono ha ido haciendo mella de las instalaciones.
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Himno de la Escuela Normal de Oriente.
Hosanna Normalista
cantemos a la escuela
que rauda el alma vuela
de suave ritmo en pos.
Hosanna, Hosanna, Hosanna
cantemos sin demora
que llegó la hora,
de levantar la voz.
De la escuela en las aulas austeras
recibimos la luz del saber,
y en las pruebas de examen severas
nuestra dicha es el triunfo obtener.
Juveniles los ecos llevemos,
de las aulas al son del laúd
al probar que aprendimos cantemos
del maestro la ciencia y virtud.

[…]En 1998 el edificio principal fue objeto de proceso de restauración y ese mismo año fue declarado Monumento Nacional. Actualmente es la escuela pedagógica Floro Regino Pérez Díaz que cuenta con 510 alumnos donde reciben la formación para maestros primarios en un período de 4 años.
Atrás parecen haber quedado los tiempos en que el santiaguero atravesaba la empinada carretera interior de “La Normal”, para llegar rápidamente desde Trinidad hasta la Plaza de Marte, y viceversa, dejando escapar un gesto de fastidio si en alguna ocasión veía cerrada las enormes verjas de uno u otro lado.
La Normal“ es vista por los transeúntes desde la fría distancia de “lo prohibido”, absteniéndose de ser testigo de una edificación de no pocos atractivos arquitectónicos, y de una profunda huella histórica. A los pies de la Edificación principal aún se extienden los terrenos deportivos de la Escuela, por suerte, ajenos a las limitaciones de las áreas cercanas, allí todavía es común ver a no pocos santiagueros, y santiagueras, practicar diversos deportes, aun cuando con el transcurso del tiempo el abandono ha ido haciendo mella de las instalaciones.
Sin embargo, la silueta majestuosa de la Sierra Maestra en permanente retozo con la bahía, la zigzagueante telaraña de calles que desciende presurosa hasta la Alameda, el reflejo del sol sobre el mar de techumbres que brotan desde las laderas del terreno en declive, alivian los ánimos de quien llega hasta los perímetros excluyentes de “La Normal” y regalan así, la verdadera experiencia a recordar.[…]

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Referencias: Wikipedia, Librería Digital de la UM, Fotos Antiguas, Provincia Santiago de Cuba, caosycosasdecuba.blogspot.com

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1 Comentario

  1. Esta página es un tesoro….encontré fotos de mi tío abuelo aquí que nunca he visto. Muchisimas gracias por todo lo que hacen ustedes en contar nuestra historia santiaguera!

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