La historia del alumbrado público de Santiago de Cuba comenzó en el decenio de los veinte con un problema causado por el Ayuntamiento y la Empresa Eléctrica, que perjudicó a la población manteniéndola a obscuras.

Esta situación se agudizó en 1921 al no ponerse de acuerdo las partes con la firma del contrato que debía regir el alumbrado público de la ciudad de Santiago de Cuba. ¿La causa? Lo altos precios impuestos por dicha entidad comercial.

En entrevista realizada al administrador de la Empresa Eléctrica en Santiago de Cuba, el Sr. Godoy Agostini, cuestionado acerca de si se vería la ciudad privada de luz eléctrica, este respondió:

«A nuestro pesar tendremos que suspender el servicio, pues, aunque cuando el director de la firma siempre ha estado inspirado en el mejor deseo y ha esperado todo lo que va de año, ha llegado el momento en que los intereses de los accionistas de esta empresa no pueden seguir sufriendo perjuicio, cuando tanto tiempo se ha esperado sin adoptarse una solución armónica para los intereses de una y otra entidad.[1]

En 1921 se crearon las bases del nuevo contrato. El 29 de octubre de dicho año se sacó a subasta el servicio, pero el administrador, el Sr. Godoy Agostini, examinó «el pliego de condiciones y si las bases del Ayuntamiento no le [convenían] no se presentaría».[2] La Compañía Eléctrica, única capaz de asumir este servicio, no se presentó.

Resolución presidencial… y se resolvió el problema

El 24 de noviembre de 1922 se aprobó una resolución presidencial que favorecía a la Compañía Eléctrica, con la cual se resolvió el conflicto.

El contrato es cedido a la Empresa de Alumbrado y Tracción de Santiago durante un término de dos años prorrogables hasta seis años.[3]

El Ayuntamiento se encargaría de aumentar el número de lámparas que considerara necesarias o convenientes. De esta forma no se le permitía a la entidad que las luces permanecieran apagadas, bien por rotura de los bombillos o por cualquier otra razón.

Los vecinos de los repartos comenzaron a solicitar este servicio municipal a la comisión de Asuntos Eléctricos para alumbrar las calles.

Cayo Granma y la audacia de su alumbrado público

En 1924, a petición de los vecinos de Cayo Smith, se ejecutó una de las obras más audaces de este decenio en materia de alumbrado público.

Se instaló un cable submarino no. 1B& S de 2,300 voltios, de tres conductores y con una extensión de 335.5 metros, desde Punta Churruca, en el litoral de la bahía, hasta la parte oriental del cayo.

Alumbrado público de Santiago de Cuba
Instalación del cable de Punta Churruca a Cayo Smith

Las obras fueron ejecutadas al sumergir un cable a la profundidad máxima de acuerdo con los sondeos del lugar.

Vista lateral del cable sumergido
Vista lateral del cable sumergido

Se aseguró con dispositivos de concreto enterrados en el suelo, por medio de mordazas de metal, cadenas y soportes cementados al bloque. El extremo opuesto llegaría hasta el primer poste de la red de distribución donde existiría una caja terminal. El Ayuntamiento le exigió a la Empresa Eléctrica la reparación del cable por alguna tarea en el puerto.

Poste de Cayo Smith
Poste de Cayo Smith

Historias de disoluciones, absorciones y traspasos

En 1926, la recién organizada Compañía de Electricidad fue absorbida por la Havana Electric Railway, Light & Power Company. Dos años después, se produciría la disolución formal de todas las Compañías de servicio de alumbrado público bajo su control, al traspasar sus propiedades a la Compañía Cubana de Electricidad, firma creada expresamente en los Estados Unidos de Norteamérica en 1927.

Al patrimonio de la nueva entidad se integraron las plantas y demás sistemas que brindaban funciones eléctricas a muchas ciudades y pueblos del país: «[…] la planta de Gas de La Habana y sus sistemas de distribución, los acueductos de tres ciudades, nueve plantas de hielo de distintos municipios, además de la propiedad de terrenos, pozos, saltos de agua a los largo de la Isla».[4]

La Corporación eléctrica le solicita, en 1928, al Gobierno Provincial y Municipal de Santiago de Cuba, la instalación de una cable submarino y otro aéreo para iluminar La Socapa y Ciudamar, el primero desde Cayo Smith y el segundo atravesaría la ensenada de El Níspero.[5]

Proyecto de electrificacion de La Socapa
Proyecto de electrificación de La Socapa
Proyecto de electrificacion de Ciudamar
Proyecto de electrificación de Ciudamar

Proyecto de electrificacion entre la Ensenada del Nispero y Ciudamar
Proyecto de electrificación entre la Ensenada del Níspero y Ciudamar

Esta fue la última obra que realizaron la Compañía de Electricidad y el Ayuntamiento.

Década del 30… momento de agitación en el alumbrado público de Santiago de Cuba

Al continuar el alto precio del servicio de alumbrado y ninguna de las partes ponerse de acuerdo para realizar el nuevo contrato que regiría los próximos años, inició la década del 30 del pasado siglo con gran agitación.

El primer levantamiento que se recuerda en Santiago de Cuba, relacionado con el precio del alumbrado público, fue rectorado por estudiantes quienes destruyeron las farolas del parque Crombet y se dirigieron a la Escuela de Comercio a fin de protestar.[6]

Toda la ciudad se volcó desde sus casas a apoyar este levantamiento.

El periodista Evaristo R. Savón, recién llegado de la capital, reseñó: «[…] anduvimos por varias calles, y en ellas advertimos que las antiguas velas, de emergencia siempre, habían sustituido a los bombillos en el interior de las casas. Que el comercio; divorciado también del adelanto eléctrico por razones fundamentales, había tornado su habitual iluminación por una improvisada”.[7]

El motivo de esta oscuridad no fue otro que la protesta general contra el abusivo costo del fluido. Después de varios meses de incertidumbre, la ciudadanía comenzó a dudar de la eficacia de su protesta y se crearon dos grupos: los que estarían a media luz, alumbrando la sala con bujías, y el resto de la casa con velas. Los segundos, desanimados por el poder la Compañía Eléctrica habían perdido el entusiasmo y el interés.[8]

Para apoyar esta causa se fundó el Comité pro abaratamiento del fluido, el cual informaba a la población de los «progresos» que se iban obteniendo, uno de ellos fue el viaje que realizó, a los Estados Unidos de Norteamérica, el presidente de la compañía, el señor Catlin, con el fin de solucionar con los accionistas este conflicto que afectaba a la firma.

El Comité haría un comunicado a los habitantes de Santiago de Cuba en el cual se expresaba «[…] los santiagueros tienen un compromiso moral con los pueblos que luchan en esta causa, aquí radica el comité provincial de esta huelga en Oriente y por tanto, la dignidad nos manda que jamás claudicaremos».[9]

Nuevo contrato, nuevos conflictos e historias

La situación actual demandaba un nuevo contrato. El Ayuntamiento envió una carta al secretario de Gobernación para que gestionara con la Empresa de Electricidad las bases sobre las cuales ésta pretendía establecer el documento vinculante.

El anteproyecto presentaba las modificaciones realizadas a las cláusulas tercera, cuarta y decimoséptima, referentes al término de duración del protocolo de cinco años prorrogable otros cinco más a voluntad de ambas partes.

Además, la alcaldía se reservaba el derecho de aumentar o disminuir los créditos anuales de ese servicio, sin que obligatoriamente los aumentaría ni disminuiría de acuerdo con la ascendencia de sus presupuestos.

En septiembre de 1932, el señor concejal Luis Felipe Moncada, haría uso de la palabra en el Cabildo y plantearía:

[…] nosotros no podemos rechazar de plano la proposición que nos hace la compañía de electricidad, ni aceptar tampoco; porque tenemos una responsabilidad contraída con el pueblo, con nuestros convecinos y es precisó antes de aceptar una resolución final saber cómo piensan las clases dirigentes para orientar nuestra opinión y complacer a la mayoría. Mientras una gran parte del pueblo desea que se le dé luz como quiera que sea, otra parte aconseja no aceptar el contrato drástico, abusivo que presenta la Cía. Ante ese dilema nuestra conciencia ciudadana nos recomienda cautela y calma. No cerrar las puertas a una posible inteligencia, sino, un firme propósito de llegar a un acuerdo concluya por entre los intereses de la Cía. y los del municipio[10].

El Consistorio en pleno escribió al secretario de Gobernación, con el objetivo de dar por culminado uno de los conflictos más extensos que se habían producido en nuestra provincia por la necesidad de devolver la luz a la población de Santiago de Cuba.

En esta ocasión se dieron a conocer los puntos esenciales y controvertidos entre la Cía. de electricidad y el Ayuntamiento fueron: 1-. Término de contratación, 2-. Renovación de contrato, 3-. Consignaciones presupuestales, 4-. Precios y tipos de computación, 5-. Postes, tendidos, etc. 6-. Penalidades, 7-. Tarifa para alumbrado particular y 8-. Deudas con la compañía.

Cada uno de estos aspectos fueron analizados, pero sin solución. Las fuerzas vivas de la ciudad tomaron cartas en el asunto y comenzaron a realizar reuniones y comunicaciones para concluir este problema.

Entre los más conocidos se encontraron la Asociación de Comerciantes, el Club Miliar de Oriente, La Gran Logia de Oriente, el club Rotario, la sociedad Dental de Oriente, la Asociación de Reporters, el Centro de la Propiedad Urbana y la Cámara de Comercio.[11]

El presidente del Ayuntamiento, José Palomino, y el Sr. J.J. Toman, administrador de la división de Oriente de la Compañía Cubana de Electricidad, no llegaron a un entendimiento.

Para fines de 1932, nada se aclaró entre ambas entidades que continuaron gastando recursos en una disputa que afectaba a la ciudadanía.

El conflicto concluyó cuando el Gobierno Central emitió el Decreto Presidencial No. 2974, del 6 de diciembre de 1933, en el cual se modificaron, con carácter provisional, las tarifas máximas del gas y de la electricidad para el alumbrado y la fuerza motriz.

Las nuevas tarifas en el sector residencial, luces fijas y comerciales,[12] no beneficiaron a los estratos más bajos, por lo que se consideró un nuevo abuso de la Compañía Cubana de Electricidad.

Este decreto, firmado por el presidente de República Ramón Grau San Martín y por el secretario de Gobernación y Guerra, Antonio Guiteras, concluiría la crisis del alumbrado más extensa del siglo xx, cuando la ciudad y casi todo el país se levantaron en protesta por el alto costo de este servicio público.

Santiago de Cuba, al fin, podría «disfrutar» del servicio eléctrico.

NOTA: la imagen de portada es SÓLO referencial, no tiene que ser históricamente exacta.


[1] Biblioteca Provincial Elvira Cape Fondo Raros y Valiosos. «El alumbrado público de Santiago y la actitud del ayuntamiento. Entrevista con el señor Godoy Agostini», en El Cubano Libre, año LIII, # 234, viernes 14 de octubre de 1921, p.1

[2] Ibídem. «El conflicto del alumbrado sigue en pie», en El Cubano Libre, año LIII, # 247, sábado 29 de octubre de 1921, pp. 1 y 3.

[3] Archivo Histórico Provincial Santiago de Cuba, Fondo Gobierno Provincial, materia Alumbrado Público, Leg. 45, expte17, pp. 15 – 21.

Bases del contrato a celebrar con la Cía Eléctrica de alumbrado y tracción.

Primera: el tiempo de duración de este contrato, será por tiempo limitado, y podrá ser rescindido por cualquiera de las partes contratantes en cualquier año, avisando la una parte a la otra, con 3 meses de anticipación a la fecha de vencimiento de cada año, que será a contar desde la fecha de firma de este contrato.

Segunda: el alumbrado será encendido y apagado a las horas preconcebidas.

Tercero: el servicio que se contrata es a base de alumbrado público, sobre serie de 6,6 amperes aplicando lámparas incandescentes con bombillos de filamentos metálicos.

El Ayuntamiento fijará el número de lámparas que desee y la capacidad lumínica de ellas.

Sexta: el contratista dividirá el servicio en circuitos empleando no menos de seis para asegurar su eficacia en la ciudad y sus arrabales.

Octava: el precio mensual por lámparas:

  • Lámparas de 60 bujías                  $ 3,00
  • Lámparas de 100 bujías                $ 4,62
  • Lámparas de 250 bujías                $ 10,72
  • Lámparas de 400 bujías                $ 15,84
  • Lámparas de 700 bujías                $ 23,26

El Ayuntamiento que da obligado a realizar el pago por mensualidades vencidas.

Novena: la compañía contratante quedará obligada a suministrar el fluido que consuma el ayuntamiento en la Casa Consistorial, dependencias municipales y parques a razón de 0,15 centavos por Kilo watts hora. Por medio de contadores que se instalaran en cada departamento. Las luces que ocasionalmente necesite el ayuntamiento para fiestas o actos extraordinarios, serán de convenio especial entre éstos.

Décimo: Los bombillos serán puestos la primera vez por la Cía. contratante, quien se obliga a cambiar los que en servicios se fundan. La Cía. pasará cuentas mensuales a la tesorería por los bombillos rotos que haya cambiado las multas y reclamaciones deberán ser comunicadas por escrito la Cía. por el Sr. Alcalde Municipal, especificadas y dentro de las 24 horas siguientes a la fecha en que se considere cometida la falta.

Vigésima: en caso de que entre la Cía. contratante y el Ejecutivo Municipal surgieran diferencias en la generación o comprobación de las faltas, aquellas que dieron lugar a tales diferencias se someterán a comisión, formada por el Sr. Gobernador Provincial y un representante de la Cía. contratante.

[4] José Altshuler y Miguel González: Una Luz que llegó para quedarse: comienzos del alumbrado eléctrico y su introducción en Cuba. P. 45.

[5] AHPSC, Fondo Gobierno Provincial, materia Alumbrado Público, Leg. 46, expte6, año 1930.

Esta última obra cuanta con dos torres, que llevan dos vientos a tierra a cada lado, con sus correspondientes aisladores conocidos por modelo «H».  Están compuesta cada una de dos postes de madera recia de 9,144 m de alto con dobles crucetas. Ellos soportan dos conductores de alambre de acero retorcido de 3 por 8 pulgadas de grueso, con una distancia entre las torres de 365 m. Los conductores reciben un voltaje de 4, 000 voltios. Las torres están instaladas en los puestos conocidos por Punta Churruca y Punta Soldado.

[6]  Serían como treinta personas que provistas de palos y piedras al llegar al centro de estudiantil ocho huelguistas subieron las escaleras y provocaron que un grupo de alumnos que se encontraban en examen, salieran para la ventana que da a la azotea de Montane y Cía. La policía municipal tuvo que correr hacia varios tumultos que se fueron formando. Este suceso de la Escuela de Comercio se da por terminado al sonar el escape de una automóvil que produjo una gran alarma, los soldados allí estaban de acuerdo en pensar que se había producido un disparo, este es el comienzo de casi dos años de levantamientos en toda la región, en solicitud de rebaja de precio del alumbrado.

[7] BPECFRV, «La ciudad a oscuras», en Diario de Cuba, año XV, # 206, domingo 2 de agosto de 1931, p.4.

[8] En la urbe se utilizaron dos frases para ambos movimientos, el primer grupo era reconocido con la de «están con dios o con el diablo», y la otra «o sigues al movimiento con entereza, dignidad y esfuerzos, o se retiran, vencidos por sí mismos, y apoyan, como Judas, al látigo que fustiga a sus hermanos en protesta”.

[9] BPECFRV, «Comité pro abaratamiento del fluido», en Diario de Cuba, año XV, # 189, miércoles 15 de julio de 1931, p.4.

[10] Ibídem, «El problema de la luz sigue siendo un gran problema», en Diario de Cuba, año XVI, # 223, sábado 3 de septiembre de 1932, p. 4.

[11] Ya por estos días el Dr. Desiderio Arnaz no se desempeñaba como alcalde municipal, pues para dar continuidad a su carrera política en ascenso, aspiraba al puesto de Representante a la Cámara por el provincia de Oriente.

[12] Gaceta Oficial, año XXXI, # 133, 6 de diciembre de 1933, miércoles, t VI, p. 7777.

1 Comentario

  1. Esta crónica es un joya muy valiosa de la historia del alumbrado público de nuestro Santiago de Cuba, una colección visual de proyecciones e instalaciones, que por primera vez me han mostrado cómo se logró conectar en el servicio a tantas porciones de tierra habitada pero separadas por el mar, cuando uno sabe lo que representa vivir a oscuras ya sea el alumbrado público o el residencial, se entiende cuán difícil sería asimilar la espera a la solución, gracias miles MSc. Alfredo Sánchez Falcón por este regalo, una cronología de hechos que me transportaron al Santiago de aquellos años, intereses, directivos y un pueblo luchando por no estar a oscuras.
    Un gran saludo para usted, también para su madrecita y hermana.❤️☘️🙏

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