Muy cerca del Fortin de Yarayó construido en 1868, como parte del anillo defensivo de Santiago de Cuba, sobre el Camino de la Isla, llamado posteriormente Camino viejo del Cobre, testigo de la entrada a la ciudad de la columna del coronel Escario, unico refuerzo que llegó a la ciudad en el verano de 1898, radicaba el antiguo Matadero de Santiago de Cuba, seria allí donde se llevaría a cabo la ejecución de muchos insurrectos en la guerra contra el colonialismo Español, justo en el único vestigio que perduró hasta nuestros días del antiguo Matadero Santiaguero, “El Muro del Matadero”, ocurrió el fusilamiento aquel 17 de agosto de 1870 del compositor de nuestro Himno Nacional Perucho Figueredo y años más tarde en el 1873 el de los expedicionarios del “Virginius”, las tarjas que describen ambos sucesos, yacen en este lugar, casi imperceptibles recordandomos la sangre derramada por los Cubanos en la lucha por la independencia de Cuba.

Este pedazo del muro del antiguo Matadero Santiaguero se puede divisar en los terrenos ubicados entre el Paseo Marti y la Avenida Crombet, frente a la nueva Estación de Ferrocarril de la ciudad.

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El Muro del Matadero Santiaguero, huella imborrable de la sangre derramada.
”Descúbrete Ciudadano, este lugar es Sagrado“.

Uno de los sucesos que manchó de sangre cubana el Histórico “Muro del Matadero” fue el fusilamiento del compositor de nuestro Himno Nacional Perucho Figueredo.
Cuentan que aquel 17 de agosto de 1870, montado en un asno camino de la muerte iba Perucho Figueredo repitiendo incesantemente una de las estrofas del Himno compuesto por él en Bayamo: “Morir por la Patria es vivir”
Así llegó Perucho Figueredo al viejo Matadero de Santiago de Cuba donde sería fusilado por el delito de ser insurrecto al gobierno Español, según la sentencia de un Tribunal Militar Español.
“Si siento mi muerte, había dicho a sus jueces, es tan solo por no poder gozar con mis hermanos la gloriosa obra de redención que había imaginado y que se encuentra ya en sus comienzos. […]Cuba ya está perdida para España”.
Perucho Figueredo, abogado, músico y poeta, había abandonado riquezas y familia para abrazar la causa revolucionaria de Céspedes, secundó a éste cuando se alzó en La Demajagua el 10 de octubre de 1868 y ocho días después, con una pequeña tropa, se le unió convirtiéndose en uno de los jefes de la revuelta.
Tras un primer revés sufrido por su tropa en Yara y ante la propuesta de algunos para que capitulara, Perucho fue tajante: “Al frente de los míos me uniré a Céspedes y con él he de marchar a la gloria o al cadalso”
Días más tarde cuando Perucho entraba victorioso en Bayamo tras rendirse la ciudad y alentado por el pueblo, puso letra a aquella marcha patriótica compuesta por él y que devino en nuestro Himno Nacional.
Tal vez por eso, aquel 17 de agosto de 1870, ya frente al pelotón de fusilamiento en “El Muro del Matadero” de Santiago de Cuba, Perucho Figueredo tuvo todavía fuerzas para gritarle a los enemigos españoles: ¡Morir por la Patria es vivir!
La descarga de fusilería apagó aquel grito, Perucho se desplomó y su corazón dejó de latir. Pero su ejemplo y la gloria de su himno ya son eternos.

El otro suceso que les quisiera relatar fue el triste momento del Fusilamiento en “El Muro del Matadero” Santiaguero de los Jóvenes Patriotas Cubanos expedicionarios del “Virginius”, a continuación una cronología de los hechos.
En 1873 casi se desencadena una guerra entre Estados Unidos y España a raíz del fusilamiento de los 36 tripulantes del barco de bandera estadounidense Virginius y de su capitán Joseph Fry en Santiago de Cuba, por órdenes del entonces comandante de esa ciudad oriental, el brigadier Juan Nepomuceno Burriel.
El barco había sido comprado por el patriota cubano Manuel de Quesada con dinero de la Junta Cubana radicada en New York. Entre 1870 y 1873 el velero llevó hombres, armas y municiones a Cuba exitosamente. Pero el 23 de octubre de 1873 zarpó de Kingston, Jamaica, a su última y fatídica expedición.

La expedición iba dirigida por el célebre general camagüeyano Bernabé de Varona Borrero, alias Bembeta, y la integraban 102 mambises. En Haití cargaron una preciosa cantidad de armas, ropas, comida y medicinas, para seguir rumbo a Guantánamo. Desafortunadamente el 31 de octubre de 1873 fue visto por la corbeta española Tornado, que bajo las órdenes del capitán español Dionisio Costilla le dio caza a seis millas de las costas de Jamaica (colonia inglesa por entonces) tras ocho horas de múltiples cañonazos que hicieron explotar el motor.
Los españoles abordaron el Virginius y toda su tripulación, unos 155 hombres en total, fueron llevados a Santiago de Cuba.

Bajo la presión del Cuerpo de Voluntarios y de la Guardia Civil y bajo órdenes del comandante militar español de Santiago de Cuba, general Juan Nepomuceno Burriel, se estableció inmediatamente un consejo de guerra verbal en la fortaleza de Dolores el 2 de noviembre de 1873.
Este consejo condenó a los líderes de la expedición a que se ejecutaran inmediatamente. El día 2 de noviembre de 1873 fueron desembarcados y llevados a prisión y el 3 comenzaron a ser juzgados y condenados.
Las ejecuciones se efectuaron en “El Muro del Matadero” municipal de la ciudad de Santiago de Cuba, donde eran conducidos los reos maniatados con esposas, comenzando tan horrenda hecatombe en la mañana del 4 de noviembre, los cuatro oficiales de alta graduación del Ejercito Liberador, General Bernabe («Bembeta») Varona Borrero, General Pedro Maria Cespedes Castillo (hermano del Padre de la Patria, Carlos Manuel), Brigadier General Washington Alberto Claudio O’Ryan y General Jesus del Sol fueron fusilados por la espalda a las 6:00 a.m.

El día 7 de noviembre a las 4 p.m. fueron fusilados los 37 tripulantes, incluyendo al Capitán Joseph Fry, y el Jefe de Mar, Pedro Alfaro. Otros cuatro tripulantes fueron condenados a a cadena perpetua por una pluralidad de votos del tribunal, tres fueron condenados a 8 años de prisión, cinco a 4 años, mientras tres fueron puestos en libertad.
Una adición a la primera orden fue expedida por Antonio Fernández, Comandante Naval, el mismo día, 7 de noviembre 1873, condenando a 12 mas de los revolucionarios cubanos a ser fusilados al día siguiente.

El día 8 de noviembre fueron fusilados 12 expedicionarios más.
Todos se portaron valientemente, al ser conducidos al suplicio, unos cantaban y otros daban vivas á Cuba y como rasgo de serenidad y gran tranquilidad de conciencia, se hace constar que la noche en que estaban en capilla los que debían ser fusilados el día 8, uno de ellos, el nombrado Arturo Loret de Mola y Betancourt, con el dinero que le quedaba, costeó la cena de los 12 que á la mañana siguiente debían entregar su alma al Creador.
En total fueron fusiladas 53 personas.

La matanza fue suspendida por las exigencias y amenazas del comandante de la fragata británica Niobe, Lambton Lorraine, en nombre de su gobierno y el de los Estados Unidos.

En esa fecha gobernaba en Santiago de Cuba, el general Juan N. Buriel y era presidente de la república en España don Emilio Castelar. quien, en conferencia celebrada con el Ministro americano Mr. Sikles, la noche del 11 de noviembre de 1873, le dijo: “Qué desgracia que mi orden no llegase a tiempo de impedir aquel hecho, que es contrario a la Ley! Esos escándalos deben cesar”.

Pero a los responsables de tales hechos ¡ni siquiera intentó imponerles un correctivo! En cambio, tanto los Estados Unidos como Inglaterra hicieron una reclamación al Gobierno de España por haber fusilado ciudadanos de ambos países, y al fin en 29 de noviembre del mismo año se firmó un convenio entre Hamilton Fish, secretario de Estado americano y el Contraalmirante don José Polo y Bernabé, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de España, como resultado del acuerdo diplomático entre los gobiernos de los Estados Unidos y España, el 3 de diciembre, un grupo de sobrevivientes del Virginius fue entregado al comandante del buque Niobe, Lambton Lorraine y el 18 de diciembre los prisioneros restantes fueron llevados a la corbeta de guerra estadounidense Juniata, mientras que el Virginius fue trasladado al puerto en Bahía Honda, en donde fue entregado al navío estadounidense USS Dispatch.
Debido a la mala condición de la nave, el Despatch tuvo que remolcar el Virginius hacia la Florida, con intención de fondearlo finalmente en Nueva York. Debido a los aumentos de salideros de agua, el fallo de sus calderas (que detuvo el funcionamineto de las bombas de agua), y el rápido deterioro de las condiciones del tiempo, el Virginius se hundió 26 de diciembre de 1873 en aguas atlánticas cerca de cabo Hatteras.

En el año de 1880, fueron trasladados los restos de los cuatro fusilados el día 4 de noviembre de 1873 al terreno que había comprado en el Cementerio de Santa Efigenia, en Santiago de Cuba, don Francisco Javier Céspedes, donde había depositado los restos de Carlos Manuel Céspedes, sepultura número 103 del pentágono B.

En 1901, siendo Alcalde de dicha ciudad don Emilio Bacardí Moreau, se inició una suscripción popular para levantar un monumento á las víctimas del ”Virginius”, contribuyendo también el Mausoleo erigido en el Cementerio Santa Ifigenia de Santiago de Cuba á los mártires del ”Virginius”.
En un acto del Ayuntamiento el Monumento sería al fin inaugurado con solemnidad el 31 de mayo de 1908, en la mañana del domingo 14 de junio de ese año, se trasladaron los restos de Bernabé Varona, Jesús del Sol, Pedro Céspedes y W. C. O’Ryan, de la sepultura 103 en que estaban, á un osario construido en el lado Oeste de la plataforma del mausoleo, y las cuatro esposas y otros objetos allí encontrados fueron remitidos al Museo de la ciudad.
Por diversas circunstancias no pudieron ser recogidos a tiempo los restos de las otras víctimas del “Virginius”, y como con el tiempo esas sepulturas fueron removidas, los huesos de dichos mártires de la patria fueron a confundirse quizás con los de algunos de los que tomaron parte en aquellas sangrientas escenas.A diferencia de los estudiantes de medicina fusilados dos años antes, ellos desaparecieron de las páginas de los libros de historia de Cuba.

Cementerio de Santa Efigenia de Santiago de Cuba hay un panteón rectangular pequeño, con una palma real en cada una de sus esquinas y una placa en memoria de los fusilados.

Al final de la guerra en el 1898 la calle Cristina recibió el nombre del comandante «Lambton Lorraine», en honor a aquella acción de detener los fusilamientos de los expedicionarios del “Virginius“. El 10 de marzo de 1922 la ciudad de Santiago de Cuba, rindió homenaje al digno marino inglés erigiéndole un busto obra de la escultora Lucia Victoria Bacardí Cape (Mimin Bacardí), el monumento a Sir Lorraine años más tarde 1929 presidió la plazoleta de la nueva Alameda durante la Alcaldía del doctor Desiderio Arnaz Alberni.

También un monumento para recordar aquel instante en que sonaran las notas marciales del himno guerrero “La Bayamesa”, por primera vez, fue erigido en la antigua Plaza de la Libertad, hoy nuestra Plaza de Marte, en su composición se recrearon escenas de aquel momento.
Pedro Figueredo Cisneros (Perucho), nació el 18 de febrero de 1818 en Bayamo, muere fusilado en el “Muro del Matadero” de Santiago el 17 de agosto de 1870 en Santiago de Cuba.
Patriota independentista cubano, autor de La Bayamesa, el himno nacional de Cuba. Fue una de las principales figuras cubanas en la historia de las luchas por la independencia de Cuba. Nacido en una familia ilustre y acaudalada, hijo de Ángel Figueredo Pavón y Eulalia Cisneros. Fue bautizado el 12 de marzo de 1818 en la Iglesia de San Salvador, Bayamo.
En 1940 se gradúa de bachiller en derecho, y en 1941 viaja a España, a continuar sus estudios de derecho en la Universidad de Barcelona, y luego a la Universidad Central de Madrid, donde se gradúa de abogado el 5 de enero de 1844. Tras su graduación, pasó varios meses recorriendo varios países de Europa, y regresa a Cuba.
El 17 de diciembre de 1844 el Colegio de Abogados de Cuba le otorga el permiso de ejercer como abogado, y regresa a Bayamo, ayudando a su padre a administrar sus porpiedades, quien era regidor, alcalde y mayor provincial.
En 1851 Perucho y Carlos Manuel de Céspedes fundan la sociedad cultural «La Filarmónica» en Bayamo, que agrupaba a intelectuales de la región como Juan Clemente Zenea, José Fornaris, José Joaquín Palma y José María Izaguirre.
En 1852 Perucho es designado delegado de Marina y regidor del ayuntamiento. Pero comienza a ser sospechado de actividades de infidelidad al gobierno español, y en 1853 fue llamado a declarar por el acuchillamiento de un retrato de la reina IsabelII.
Poco después este mismo año 1867 Francisco Vicente Aguilera funda en Bayamo la logia masónica «Redención», que agrupó a los líderes independendistas, y Perucho se integra a ella.
La organización fue fundada en la noche del 13 de agosto de 1867 en la casa de Francisco Vicente Aguilera, quien fue designado su presidente, Francisco Maceo Osorio como su secretario, y Perucho Figueredo como vocal. La organización sería presentada a los amigos en la reunión que se efectuaría la noche siguiente del 14 de agosto de 1887 en la casa de Perucho.
Los presentes entonces le pidieron a Perucho, que para esta presentación del día siguiente, él como músico, compusiera un himno que a semejanza del himno francés “La Marsellesa”, enardeciera los ánimos, y que sería «nuestra Marsellesa». En la madrugada de aquella misma noche, el 13 de agosto de 1867, quedó compuesta la música del Himno de Bayamo «La Bayamesa». Al día siguiente 30 visitantes de la casa de Perucho, escucharon por primera vez la melodía del himno, que tocaba Perucho con su piano, que sería llamada desde entonces «La Bayamesa».
El 3 de mayo de 1868 Perucho le entregó al músico Manuel Muñoz, director de la orquesta de la Iglesia Mayor, una copia de su composición “La Bayamesa” para que hiciera la instrumentación.
El jueves 11 de junio de 1868 el himno fue interpretado por primera vez en público en la Iglesia Mayor de Bayamo, durante un solemne Te Deum con motivo de las festividades religiosas católicas del Corpus Christi, en presencia del Gobernador Militar de la Plaza, coronel Julián Udaeta y demás autoridades militares, y de un gran número de fieles de la localidad, civiles y eclesiбsticas, ocupando lugar preferente la flor y nata de la sociedad local. Eran muchos los que «esperaban impacientes el instante en que sonaran las notas marciales del himno guerrero que con emoción insospechada conmovió a la concurrencia toda, sin excluir al gobernador militar de la Plaza de Bayamo. Así se oyeron por primera vez en forma pública las notas de este himno. La marcha fue ejecutada dentro de la iglesia, bajo la intensa emoción patriótica de los revolucionarios que salieron detrás de la banda en procesión, escuchando aquellos aires inmortales.

Referencias: cubagenweb.org , Wikipedia,Libreria Digital de la UM.

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