Desde los tiempos de un Santiago de Cuba, de Velázquez y Villa recién fundada han existido ”estas personitas” que nos han arreglado un mal día con su gracia inocente y tan peculiar y en su locura dicen lo que otros no dirían, también muchos otros personajes irrepetibles y populares que para siempre ya forman parte de la idiosincracia cultural de Santiago de Cuba.

Personajes que con su andar y desandar nos cuentan cuanto disparate puedas imaginar y nos atrapan en su locura y es que a veces uno quisiera tener un poco de ellos, en sus vidas y en sus mentes solo habita la felicidad, no hay cansancio cuando se trata de hacer de las suyas incorporando un elemento más en la vida de la ciudad, armonizando entre el colorido de las casas y las altas temperaturas, que ellos con sus “cosas” te hacen olvidar.

Aunque para algunos no sea un tema de tanta relevancia o para otros parezca un acertijo por su manera indirecta o enigmática de contar sus locuras, lo cierto es que estos personajes para mi fueron, son y serán un pasatiempo, horas de entretenimiento gratuito, inolvidables a pesar del tiempo.

Usted nunca se pregunto, porque nos llamaban tanto la atención al punto que cuando uno o varios de ellos comenzaban con su “actuación” el cúmulo de gente a su alrededor era de auditorio para grandes y famosos y porque no de discursos presidenciales? y la respuesta es que son más que todo verdaderos artistas tan espontáneos en su decir, que hasta crearon frases populares sin libreto alguno que después tratábamos de contar al llegar a casa pero nunca alcanzábamos imitar, porque es en esa libertad de creación bordeando la locura o porque no de locura total, donde esta lo auténtico e irrepetible y aunque usted no lo crea son más recordados que cualquier otro.

En un artículo reciente leía sobre un Bufón que tuvo el conquistador Diego Velázquez, los bufones en las cortes eran personajes con defectos físicos muchas veces, lo cual era un atributo para este oficio, además con algunas habilidades manuales, como por ejemplo hacer actos de malabarismo o contorciones, pero en muchas ocasiones tenían cierta gracia para contar historias que podían ser humorísticas y muy entretenidas, poseían el privilegio de decir lo que a ninguno le estaba permitido.

Cuenta Bernal Díaz del Castillo y que se hace referencias a ello en el Libro Historiadores antiguos de la India, Velázquez confiaba plenamente en Cortes, permitió que se le otorgara el cargo de la capitanía general de toda la armada el pensaba que le sería fiel,
porque además era su ahijado, después que lo convencieron para ser el padrino de boda de Hernán Cortés y Doña Catalina Suárez y Pacheco, días después de su decisión esta fue publicada, a algunas personas les parecía bien la elección de Cortés como Capitán de la Armada y a otras no, cuentan que un domingo de misa, iba Velázquez acompañado de personalidades de la ciudad, a su derecha Cortés y delante “Cervantes el Loco” el bufón del conquistador haciendo gestos, monerías y de pronto le dijo a su señor a la manera de los bufones esta gran verdad:

“A la gala de mi amo Diego, Diego, ¿qué capitán has elegido? Qué es de Medellín de Extremadura, capitán de gran Ventura. Más temo, Diego, no se te alce con la armada, que le juzgo por muy gran varón en sus cosas”, decía otras locuras con malicia a tal punto que el caballero Andrés Duero que también acompañaba a Velázquez a misa le dio un pescozón y le dijo calla borracho, loco no seas más bellaco que bien entendido tenemos que esas malicias, so color de gracia, no salen de ti….(…)continuaba diciendo e juro a tal, mi amo Diego que por no verte llorar tu mal…yo me quiero ir con Cortés a aquellas ricas tierras…

Se dice que la noche antes de partir Hernán Cortés de la bahía de Santiago de Cuba hacia México, Velázquez pensó en el comentario que le hiciera su bufón dejando entrever que Cortés era poco confiable, y es que al final todo lo que dijo “Cervantes el Loco” era verdad porque los locos muchas veces aciertan en lo que hablan, algo le hacía desconfiar de Cortés.

El comentario de su bufón le quitó el sueño, pero a la mañana del día siguiente dejó que Hernán Cortés zarpara con sus naves hacia México y finalmente este le robó la gloria de conquistar el gran imperio de Moctezuma, la historia de la conquista de la Nueva España hubiera sido diferente si Velázquez le hubiera prestado un poco de atención a los comentarios de “Cervantes el Loco”, para su mal e irónicamente por ser considerado un hombre de gran inteligencia, no tuvo en cuenta que nunca se debe subestimar a quienes te rodean por muy insignificantes que parezcan.

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En la historia Santiaguera nombres como “Carrapatanbunga”, “Madame Chaleco”, “Madame Pescuezo” e “Isabel Huesito” se destacaron como Deambulantes en período colonial en Santiago de Cuba, sin olvidar a “Madam Majá” y “Gallito Pigmeo”, distinguido este último por su estatura y el andar como los pollos.

Por aquellos años también se habló mucho de “Barriquiña”, “El Cotunto”, “Ñá Soledad”, “Jala´palante-carae´caballo” y “Amárreme-ese-perro”, pero el más conocido fue uno que le decían “El Rey de la Urbe”. Este señor era un hombre que según cuenta el escritor, pintor y periodista inglés Walter Goodman, en su libro “Un artista en Cuba” (1864), andaba siempre por la Plaza de Armas, hoy conocida como Parque Céspedes. Era un hombre que producto de sus alucinaciones creía ser dueño de dicho lugar y por tanto no dejaba entrar en su territorio a ningún otro loco, ya que consideraba que le robarían su territorio.

En el siglo pasado,no faltaron estos personajes pintorescos, que forman parte del patrimonio cultural de la ciudad, la “Señora Aguacero”, a “Beso Brujo”, y a “Garrafón”; se cuenta que este guardaba en sus partes privadas una buena suma de dinero. Otro muy famoso fue “Pisa Bonito” conocido también como “Zapatico”.

La naciente generación de Deambulantes crecería al ritmo de “Cueco Duro”, “Gelatina”, y “Rafael Yarayó”, quien alucinado, entablaba supuestas conversaciones telefónicas con Fidel Castro, en la misma esquina de San Félix y Enramadas. Entre los finales del siglo pasado y el presente la juventud santiaguera narra algunas de las aventuras de “Jaquelín y la Baba”, “Tuto”, “El Chupa” y «Patricia», «Vitamina», «Fosforito». Personas estas que mantuvieron la psiquis de ser grandes personalidades.

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Permítanme acercarnos juntos a algunos de ellos, comenzando por uno de los más famosos Don Jose Roberto de la Tejera, un famoso personaje Santiaguero de principios del siglo pasado conocido por todos como «Pisa bonito», así nos narra el periodista Noel Pérez García en su crónica “Personajes de Santiago.

Cuentan que cuando pasaba las personas le decian «Caballero Roberto» y el saludaba alegre, pero cuando se alejaba le gritaban «Pisa bonito» y se enfurecia.

El caminaba dando pasitos cortos, de ahi el apodo. El Caballero Roberto, un negro de unos 50 o 60 años de edad, de profesión barbero. Lo de caballero le era dado por varios motivos, el primero de ellos su exquisitez en el vestir, siempre de “cuello y corbata”, usando un traje negro azulado, camisa blanca y sombrero de pajilla, manteniendo a ultranza una limpieza impecable. Otra de las razones de su apelativo, era su extrema educación, respeto y galantería para con los que trataba, aspecto que coincidían destacar todos los que en una u otra oportunidad, cruzaban palabras con él.

A tanto llegaba su caballerosidad que, al enfrentarse sobre la acera a cualquier mujer, bajaba inmediatamente a la calle y quitándose el sombrero hacía una reverencia, a la vez que regalaba a la fémina frases como: “¡Pase usted bella dama y que Dios la conserve para siempre así!”. Lo único que desentonaba en su estampa eran los zapatos negros, unos números más grande que el que correspondería a su pie. En realidad este desentono se debía a que trataba de contrarrestar unos juanetes que provocaban en este señor un caminar característico: inclinando hacia delante las rodillas y arrastrando un poco los pasos; lo que le ganó el apodo de “Pisa bonito”, y cuentan, que sólo se le veía molesto cuando lo llamaban por este mote.

El circuito de los andares de “Pisa bonito” era relativamente corto, desde el Parque Céspedes hasta el Parque Dolores y en la mayoría de las oportunidades, desde Dolores hasta la Plaza de Marte, siempre con su andar típico, saludando cortésmente a los transeúntes.

Cuentan que en uno de estos acostumbrados paseos, se encontró con un amigo de confianza al que no veía desde hacía un buen tiempo y luego de los saludos de rutina le pregunto por la esposa y al comentarle que su señora esposa había fallecido días atrás, quedó estupefacto al escuchar la frase que, de los labios del barbero, salió disparada hacia lo anecdótico:“¡No joda que se murió la vieja!”

El Caballero Roberto o “Pisa bonito”, de oficio barbero, falleció en Santiago de Cuba en Marzo 13 de 1955 a los 77 años.

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En la década de los 80’s pude conocer a otro muy recordado personaje, oficialmente se llamaba José Daniel Roibal Granados, para los que lo conocimos simplemente «Patricia«.

Así lo describía el periodista Reinaldo Cedeño Pineda.
Se amarraba su cola de caballo con la primera cinta a mano y como una exhalación, desandaba las calles de Santiago de Cuba.

Se detenía al pasar por las tiendas de Enramadas, sus ojos se posaban en el brillo de los maniquíes, saludaba a las dependientas como a viejas amigas y sacudía su pelo, como mujer con calor en pleno verano.

Dicen que quería parecerse a La Doña a María Félix, que se maquillaba para buscar semejanza con aquellos ojazos que devoraban la pantalla. Coleccionaba sus fotos de las revistas y las pegaba en un álbum del que nunca se separaba.

Al envejecer, ya nadie le corría detrás. Ya nadie le gritaba pájaro o maricón. Le decían “Patricia” que había alcanzado la categoría de sinónimo, se llamaba José Daniel Roibal Granados, pero hasta él mismo parecía haberlo olvidado.

Patricia lavó para la calle, trabajó en una granja agropecuaria, limpió cuanta mierda apareció sabe Dios que más, muchas veces por lo que quisieran darle. Vivía en una pocilga, la bebida fue imponiéndose a su espíritu.

Supe que Patricia murió hace años, antes de los albures de la llegada de este siglo, quizás sin encontrar una respuesta de la sociedad donde nació.

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Otro de los personajes que impactó mi vida, porque fue parte de ella fue Emilio Benavides Puentes, “El Diablo Rojo”, nació el 6 de octubre de 1901 en Santiago de Cuba. De pequeño se vio en la necesidad de realizar cuanto trabajo apareciera, tuvo dos grandes aficiones que, con el tiempo, le traerían la fama: los patines y el baile, específicamente el Charleston.

Por el año 1927 se hizo asiduo visitante de la compañía teatral bufa de Bolito. Cuando bajaban el telón en el intermedio de la obra, Emilio se ponía a danzar en las graderías del teatro. Un día el dueño lo vio y le gustó tanto el desparpajo del joven que lo contrató como bailarín excéntrico y acrobático. Fue precisamente en este rol cuando, durante una actuación en Holguín, lo bautizaron con el mote que lo marcó para el resto de su vida: “El Diablo Rojo”. Lo de diablo era por sus movimientos, y lo de rojo, por el color de la ropa que vestía.

Muchas anécdotas casi mitos, marcaron su etapa de teatrero. Una vez en un hotel de Puerto Padre, por los años 30 del pasado siglo, el Diablo Rojo y otros amigos de la compañía, empataron varias sábanas y se descolgaron hacia la calle, con las maletas, desde un piso elevado, porque las recaudaciones no le alcanzaban para pagar habitaciones.

En una ocasión, leyó un anuncio en un periódico sobre patines “Chicago”. Se presentó a la convocatoria y lo contrataron. Como promotor de ese negocio, nació una de sus mayores hazañas muchos han contado: un viaje en patines entre la capital y la localidad que lo vio nacer. El tramo lo recorrió en 7 días y 3 horas. En total, a lo largo de su vida, hizo cinco viajes entre Habana y Santiago de Cuba: tres para la capital y dos hacia su ciudad. Siempre en funciones propagandísticas.

Pero esta no fue su única proeza. En una oportunidad bajaba, junto a otros patinadores, la empinada loma de la calle Santiaguera San Félix y al cruzar la calle Santa Lucía se le interpuso un automóvil. En ese breve momento, donde sólo se veían dos alternativas, estrellarse contra el auto o contra una pared, Emilio no lo pensó dos veces, se agachó y saltó por sobre el carro. Todos los presentes rompieron en aplausos, creyendo que se trataba de algo ensayado e incluso le pidieron que lo repitiera, pero el patinador sólo atinó a perderse del sitio.

Sin embargo, al parecer le tomó el gusto pues luego lo repitió muchas veces hasta contabilizarle más de 3000 saltos sobre autos. También lo hizo encima de 12 bicicletas en conjunto y sobre muchachos que se acostaban en el pavimento. Uno de los mayores recuerdos fue su propaganda en la tienda “El Machetazo”, llena de colorido y habilidades.

En el 1959, el Diablo Rojo realizó varias labores: mensajero; mozo de limpieza, vendedor de refrescos, emparedados y otras mercancías en cines citadinos. Hasta que en 1969 se jubiló. Justamente en esa época comenzó a desarrollar una labor que le ganaría un lugar definitivo en el corazón de los santiagueros.

Vestido con uniforme el Diablo Rojo, incluso ya octogenario se dedicó a cuidar la seguridad de los niños de la escuela “Armando García”, en la popular calle Trocha, regulando el tránsito de la zona. Con las piernas en semi cuclillas y los brazos extendidos, controlaba el tránsito para que las filas de niños cruzaran la calle.

Volvía a vestir el traje de Diablo rojo en la época de carnaval, entonces paseaba elegante con un garbo único por las calles de su Santiago de Cuba hasta concluir frente al jurado de la fiesta, donde hacía gala del donaire de artista espectáculo.

En este documental sobre su historia realizado por el cineasta cubano Octavio Cortázar, en 1986 dijo: “Yo sé que es una locura el tirarme así delante de los carros pero la vida de los niños es lo principal”. Y el cineasta narró: “Resulta una fiesta verlo ejercer su tarea, deteniendo incluso a los propios policías motorizados, quienes le dedican un saludo al pasar por su lado. Cede el paso a los automóviles con un simpático baile, que recuerda los mejores pasos del Rey del Pop, o dedica un regaño a un conductor que no frenó a tiempo ante la presencia del paso peatonal. En cuatro ocasiones había sido atropellado durante su trabajo en esa esquina santiaguera, fundamentalmente por ciclistas, pero eso no impidió que cada mañana regresara a su puesto porque, aunque sus amigos le dicen que no tiene por qué hacer eso, él prefiere no ser uno de esos mayores que se pasan todo el día sentado en un parque”.

Pero su labor con los niños no consistió solo en proteger su traslado hacia la escuela. En el interior de la “Armando García”, el Diablo Rojo, aconseja a los pequeños de pre-escolar, les canta, les conversa sobre la importancia de la escuela y (no puede faltar), les dedica un simpático baile ante las sinceras carcajadas de los infantes.

Se emociona hasta rajársele la voz cuando, una semana antes de su cumpleaños 85, los pioneros le celebran su onomástico. “Es la primera vez en mi vida que celebro un cumpleaños”, dice, y pide que lo acompañen en coro con “una poesía” que en verdad es una fusión de varios poemas que termina con los inolvidables versos de Bonifacio Byrne…”

El documental concluyó con el Diablo Rojo sobre sus patines, atado con telas alrededor de sus octogenarios pies, danzando sobre ruedas, o alzando una pierna mientras desciendía Enramadas apoyado sobre solo un patín, ante la mirada atónita de los transeúntes.

El 22 de febrero de 1995 murió el Diablo Rojo. Dejó 6 hijos, 13 nietos y 2 bisnietos. Junto a su féretro, niños del colegio ubicado en Trocha, a los cuales él dedicó sus últimos años, hicieron guardia de honor. El Diablo Rojo ha muerto. Es como si se apagara una luz en las calles de Santiago de Cuba.

“Porque ya no se verá más la enternecedora locura de dejar la tranquilidad de su retiro para proteger el paso de los niños, dirigiendo el tránsito, bajo un sol en la Trocha del Tivolí Santiaguero. Porque sólo quedará en la memoria aquel impulso felino en patines de un hombre que ya es leyenda”.

En el año 2016 se le erigió una escultura de dos metros de altura, en el parquecito de Trocha y calle 3, allí quedó para siempre la imagen sobre patines con silbato y bastón en mano de aquel personaje inolvidable “El diablo rojo” de Santiago de Cuba.

Otro personaje inolvidable para mi, sin haberla conocido fue “Berta la pregonera”, las fotos y anécdotas contadas por amigos me la han grabado en el recuerdo y a pesar de la distancia, sobre “Berta la pregonera”, así escribía el Periodista y foto reportero José Roberto Loo Vázquez.

“Hoy en las calles Enramadas y Aguilera, de la ciudad de Santiago de Cuba, se nota una ausencia de Bertha “la pregonera mayor del Caribe”, también en el parque Céspedes, y en las Plazas de Marte y Dolores.Ya no está Bertha Lidia Hechavarría Heredia, sencillamente Bertha la pregonera, con sus remedios para el cuerpo y el alma, con sus típicas melodías que no llegaban solo al oído de los transeúntes, sino también al corazón.Numerosas personas, dentro y fuera de Cuba, sanadas con su típica Parapipigalonea, asentirán.

“La Galonea la preparo con 36 raíces, cáscaras de varios palos y hojas de algunas plantas”, comentó en más de una ocasión a varios periodistas esta simpática mujer, a quien se le solía ver con coloridos trajes y collares, y su mercancía sobre la cabeza.

No solo en la tierra santiaguera lloraron cuando se escuchó que Bertha había muerto en su natal poblado de El Caney, donde fue enterrada al día siguiente con el acompañamiento del pueblo que la amó y en no pocas ocasiones rió con sus ocurrentes pregones. Ha sido dolorosa la repentina muerte de esta dama, que a pesar de sus 86 años, conservaba una enviadiable fortaleza, comentó Alberto Olivares, residente en la urbe.

Mientras, la joven doctora Lianet del Río, también de esta urbe, expresó: Paradójico el deceso, por una lamentable enfermedad, de alguien de cuyas manos salieron tantos remedios para los males más insospechados.

Bertha se fue cuando menos lo imaginábamos, en el instante en que quizás muchos pensaban ir a comprar una de sus famosas botellas en cualquier esquina de su añorado Santiago, en el momento en que más de una persona, quizás, veía en su cesta la esperanza para vivir.

De los pintorescos personajes con los que cuenta la Ciudad, sin dudas Bertha fue uno de los más fotografiados por cuanto visitante llegara. Periódicos, plegables, revistas, e incontables materiales nacionales y foráneos, dieron fe de esa estampa auténtica de mujer humilde y negra, de mujer de ojos saltones y sonrisa sincera.Hoy paso por la calle Enramadas, comienzo de sus habituales recorridos, y noto un vacío, y es que no solo se marchó Bertha, se nos fue un pedacito de Santiago”.

Para finalizar esta crónica no podía faltar la reencarnación del Bárbaro del ritmo, “El Benny Santiaguero”, y para hablar sobre el les propongo esta reseña excelentemente redactada de la periodista Santiaguera Nereida Barcelo Fundora.

Juan Manuel Villi, El Benny Santiaguero

“Este pintoresco personaje que recorre diariamente las calles Santiagueras con su guitarra al hombro y su folklórica vestimenta tuvo la suerte de ser escogido para cantar las 42 canciones que escuchamos en la película «El Benny.»

Ya son muchos los que le dicen el último bohemio y por su maravillosa voz y su atractiva indumentaria, es centro de atención de los turistas que visitan la Ciudad Santiago de Cuba, quienes no cesan de tomarle fotografías y vídeos y disfrutar de su hermosísima voz.

Único hijo, desarrolló su amor por la música inspirado en su abuelo que tocaba batería y su abuela que era reina cantadora de música francesa en los montes de las provincias orientales.

Pero recuerda que también su padre era cantante popular. Desde la edad de 8 años comenzó a cantar con su padre en bares y cantinas…

Conoció a Los Compadres, a Ñico Saquito, Compay Segundo y a Elíades Ochoa por los años 70. Ellos le inspiraron continuar cantando.

Asegura que toda su vida ha sido un bohemio y junto a Luis y Guillermo Mesa, El Colorao, Puchú y otros bohemios, se entusiasmaba por afinar su voz y darles gusto a los amantes de la música popular cubana fundamentalmente en calles y plazas de la ciudad”.

Son muchos los Personajes que han enriquecido nuestro vivir cotidiano en el Santiago de Cuba de todos los tiempos, para ellos donde quiera que estén el agradecimiento eterno.

4 Comentarios

  1. Excelente entrega … leyendo el artículo me he reído mucho y me he asombrado de saber cuántas personalidades santiagueras eran desconocidas para mi ….

  2. Hora anda uno por la calle que parece una mezcla de ninja y boxeador, siempre con el rostro cubierto, se le ve muchas veces por Enramadas, pero no hace nada más allá de caminar por la calle

  3. Excelente trabajo, y para los santiagueros que estamos lejos, eso nos hace recordar y viajar en el tiempo pues, ciertamente, estos y otros más, son iconos la la cultura popular santiaguera. Y hoy ya hay otros dándole continuidad a esa linda historia. Muchos se han burlado de estos personajes recuerdo cuando hasta piedras le tiraban a algunos pero la mayoría han sido objetos del cariño y aprecio porque han sido una de las caras de Santiago, que sigue siendo Santiago.

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