“La Clinica de Los Ángeles”, primeras luces de tantos niños Santiagueros, fundó sus bases irónicamente sobre los terrenos que ocupó en en la segunda década del siglo XIX el Campo Santo o antiguo cementerio de la “Iglesia de La Santa Ana”, posteriormente Iglesia “Nuestra Señora de los Dolores” hoy el IPU Rafael Maria Mendive, son estos pasajes inesperados de nuestra ciudad los que nos revelan su enigmática vida a través del tiempo.

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Para un poco ponerles en contexto la historia del cementerio que existió en el mismo terreno donde años atrás el doctor Ortíz mandara a construir su Hospital, “La Clínica de Los Ángeles”, tenemos que remontarnos en el Santiago de Cuba de siglos atrás, cuando la ciudad enfrentaba un grave problema de insalubridad e higiene. Como reflejan las “Crónicas de Santiago” de Emilio Bacardí, las calles de tierra se convertían en extensos lodazales en tiempos de lluvia, eran un muestrario diario de dicha insalubridad, en los frentes de las casas se dejaban restos de carnes, pescados y otros, en estado de putrefacción, los mercados abarrotados de productos cuyos restos apenas eran recogidos, animales muertos en las esquinas o que desandaban con restos de cadáveres entre sus fauces.
En esa época, Santiago de Cuba sufría a menudo de epidemias de cólera según se puede leer en las Crónicas de Bacardí, pero pocos parecían percatarse que esto se debía en gran medida, las condiciones higiénicas sanitarias de la ciudad.
Es lógico entonces que, impulsados por las llamadas Instrucciones de Sabatini, aprobadas en España el 14 de mayo de 1761, y en las cuales se promovieron medidas para el mejoramiento sanitario de las ciudades, los más ilustrados santiagueros de la época, reunidos en torno a la Real Sociedad Económica de los Amigos del País (fundada en el año 1783 como la primera de Cuba y América), analizaran como uno de los primeros aspectos de su primer encuentro, sobre el modo de fomentar una cultura sanitaria entre los pobladores de la urbe santiaguera. Así, se comenzó a trabajar en una serie de obras que contribuyeran a crear una imagen más saludable de la ciudad.

Bajo el gobierno de Juan Bautista Vaillant y sus sucesores se empedraron las calles de la ciudad, se trabajó en la ornamentación de plazas, en la reconstrucción de obras civiles y domésticas (por ejemplo se promovió el uso de colores diferentes al blanco para pintar las fachadas de las viviendas), se saneó la plaza de mercado, se comenzó la ejecución del primer paseo o alameda con que contó la localidad, entre otras obras.
Una de las costumbres que contribuían a la insalubridad y contaminación de la ciudad en esa época, era la de enterrar a los muertos en los patios y áreas aledañas a las iglesias, en Santiago de Cuba, los enterramientos se hacían en dos iglesias fundamentales: la Catedral, y la parroquia auxiliar de Santo Tomás. De ahí que, al darse a conocer la promulgación de la Real Cédula del 27 de marzo de 1789 (bajo la firma de Carlos III de España), con el objetivo de que “las autoridades militares y civiles de las Indias informaran sobre la conveniencia del establecimiento de los cementerios en las afueras de las poblaciones”, el gobernador Vaillant respondiera:
“No hay dudas, Sr. en que el nuevo establecimiento es por todos motivos útil y provechoso a la salud pública al mejor aseo del santuario y circunspección de los divinos oficios, libres de la interrupción asquerosa, que causa el abrirse una Sepultura a cada paso…”
De inmediato, la construcción de un cementerio en las afueras de la ciudad, se convirtió en el centro de interés de los más adelantados santiagueros de la época quienes crearon, bajo encargo del gobernador, una comisión para hallar el mejor sitio para su ubicación.
Para 1790, dicha comisión ya contaba con el “plano de un camposanto para entierros y depósitos de difuntos”. Sin embargo, desde el primer momento enfrentaron la resistencia de Joaquín de Osés y Alzúa, primer arzobispo de Cuba, quien no sólo se opuso a la construcción de la necrópolis, sino que logró inclinar la opinión de la Comisión del Cabildo, y la del propio gobernador, a extender el los enterramientos a los templos de Trinidad y Santa Lucía, bajo el argumento de que, aún cuando no se encontraban fuera de la ciudad, sí en los extremos de ella. Y es que el entierro en los terrenos aledaños a las construcciones religiosas, suponían una buena fuente de entrada de dinero para el obispo y el cabildo eclesiástico, al lo cual no estaban dispuestos a renunciar.
Esta posición de Osés, lo hizo mantener un enfrentamiento abierto con el gobernador Sebastián Kindelán, e incluso, con el propio obispo Espada, quien por el contrario, fue un gran opositor a los entierros en las iglesias, y contribuyó personalmente a la construcción del Cementerio General de La Habana.
Un espaldarazo a los intereses de quienes defendían la idea de un cementerio “extramuros”, fue la Real Orden del 15 de mayo de 1804, mediante la cual la Corona especificaba las particularidades que debían reunir los centros poblacionales en que se construyeran los cementerios fuera del ámbito de la ciudad. Dicha Orden planteaba que para la construcción del cementerio debía tenerse en cuenta los siguientes aspectos:

  1. Lugar donde hubiese epidemias
  2. Ciudades populosas
  3. Parroquias de mayor feligresía
  4. Que las iglesias sufragaran los gastos
    Pero esta Orden no cambió el panorama de la ciudad de Santiago de Cuba. Joaquín de Osés se mantuvo con su negación ante la idea, valiéndose de diversos argumentos que incluían los que hablaban sobre las especificidades sísmicas, climáticas y morfológicas de la ciudad. Para la fecha continuó con la práctica de los enterramientos en las iglesias, y llegó a extenderla a la de Nuestra Señora de los Dolores y la de la Santísima Trinidad.

Sin embargo, el decreto aprobado por las Cortes españolas el 6 de noviembre de 1813, con vistas a la formación de los cementerios fuera de los poblados que aún no hubiesen cumplido con este requisito, sonó a ultimátum, por lo que el arzobispo se vio conminado a aprobar la construcción del cementerio.
Pero ahí no acabaron las dificultades. Problemas con el presupuesto para la obra, y la selección del lugar idóneo para su ubicación, retrasaron la creación del cementerio; mientras que los enterramientos se habían ido extendiendo a todas las iglesias y capillas de la ciudad.
Finalmente, en el mes de julio de 1822, la comisión nombrada por el Cabildo santiaguero para la seleccionar la ubicación del camposanto, se decidió por los terrenos cercanos a la iglesia de Santa Ana, justo en el área donde hoy se ubica la Clínica de los Ángeles, la antigua Escuela Normal para Maestros, y el Arzobispado de la ciudad.
Entre las ventajas que la Comisión encontró en este sitio se mencionaba que:
“era una zona elevada y bastante alejada del centro del centro de la ciudad, donde los vientos de norte no corrían, el terreno era sólido, donde se podía perfectamente hacer excavaciones”.

En definitiva, los trabajos sobre el terreno comenzaron en 1823, dándose por culminada la obra el 13 de diciembre de 1823, aunque los atrasos siguieron, y sólo para octubre de 1824 se recibió el cementerio y se tomaron las medidas para comenzar los enterramientos.
El bautizo de las tierras del camposanto se llevó a cabo el 5 de agosto de 1827, bajo la mirada atenta de las principales autoridades, funcionarios y notables santiagueros, encabezados todos por Dr. don Mariano Rodríguez de Olmedo y Valle, arzobispo metropolitano, quien años más tarde, el 24 de enero de 1831, recibiría sepultura en esas propias tierras.
El primer sepelio se celebró el 7 de agosto de 1827, fecha en que oficialmente queda abierto el cementerio y en la cual fueron abolidos los enterramientos en las iglesias.

Sin embargo, muy pronto la necrópolis santiaguera se vio en una situación similar a la enfrentada por los cementerios parroquiales; el intenso crecimiento poblacional y su expansión hacia zonas aledañas al cementerio, incrementaron las sucesivas epidemias de cólera morbo, haciendo evidente la necesidad de una nueva ubicación para la necrópolis.
En 1834, se comenzó a valorar la construcción de otro cementerio cerca del Camino Real de la Isla. Para el año 1858, se compraron los terrenos del cementerio Santa Ifigenia, los mismos donde permanece en la actualidad. En 1867, la Junta Provincial de sanidad, solicitó al gobernador oriental, la clausura del Cementerio de Santa Ana, el cementerio estuvo cerrado durante muchos años hasta que en el año 1926 el Dr. Ortiz compra los terrenos del Antiguo Cementerio de Santa Ana y allí construye su gran sueño la “Clínica Los Ángeles”.

Una nota interesante que corrió de boca en boca por la ciudad fue cuando comenzaron los trabajos de excavación para fundar el nuevo Hospital, empezaron a aparecer ataúdes y restos de algunos enterrados olvidados y entre ellos algunos que por las dimensiones pertenecieron a niños recién nacidos, los rumores decían que eran hijos no concebidos de las monjas de la Iglesia Santa Ana, enterrados en el campo santo de la iglesia, nunca se pudo demostrar ni la veracidad ni lo incierto de aquellos rumores u y chismecitos Santiagueros.

Pero quien fue este hombre que le regaló a la ciudad un lugar tan importante?.
Aquí les va la historia que nos concierne, el Dr. José Antonio Ortiz y Rodríguez, o simplemente el Dr. Ortiz como todos los Santiagueros llamaron, nació en la ciudad de la Habana en 1879, de padres españoles, estudió en el Colegio de Belén, graduándose de Bachiller en Ciencias en 1897. Estudió y se graduó de Ciencias en la Universidad de la Habana en 1902 y comenzó los estudios de Medicina en el Hospital Nuestra Señora de las Mercedes, donde se graduó en 1905. Obtuvo una gran experiencia médica, en viajes de estudios a Francia y como médico de barcos de la marina mercante, por todo el mundo.
Formó parte del grupo de médicos que estuvieron en el Canal de Panamá, junto con el Dr. Carlos J. Finlay (quien había descubierto el vector de la “Fiebre amarilla”, el mosquito Aedes aegypti, años antes).
De vuelta a Cuba, se establece en Santiago de Cuba, donde ejerce, tanto a nivel de ciudad como a nivel de campo. Se casó con Angeles Fernández Casas, hija de Federico Fernández y de América Casas Samuel, teniendo tres hijos, Emma Maria de los Angeles, Hector Luis y René Angel (los dos ultimos estudiaron medicina y ejercieron en la Clínica “Los Angeles”), nacieron y crecieron en la imponente Residencia familiar del Dr. José Antonio Ortiz y Rodriguez,en la esquina de Calvario y Heredia, diseño Arquitectónico del gran Calos Segrera, Arquitectura Ecléctica con elementos neoclasicos, hoy en día ocupada por el Policlinico Camilo Torres.

Imágenes de la casa donde vivió esta familia Santiaguera y donde el Dr. Ortiz ejerciera en sus primeros años.

Unos años más tarde después de ejercer la medicina en esta su propia casa (esquina de Heredia y Calvario, actualmente el Policlínico Camilo Torres), compra los terrenos del Antiguo Cementerio de Santa Ana (Calle de la Cuesta de Santa Ana), los terrenos del Ingenio de “San Nicolas» de España (Calles Sueño y Trinidad) y los terrenos de la antigua Escuela Normal, y decide construir su gran sueño, un gran hospital, «La Clínica Los Angeles», su tan mencionado nombre fue en honor a su esposa Angeles.

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El Logotipo de “La Clínica de Los Ángeles”, en su pulido piso de granito, con las grietas del tiempo y el olvido.

“La Clinica Los Angeles”, rodeada de bellos jardines, majestuoso edificio de tres pisos, con un cuerpo central y dos alas, de magnífica estructura y diseño Arquitectónico, estuvo equiparada tanto de equipos médicos de gran calidad, como de magníficos servicios de ambulancia, mantenimiento y de cocina, por muchos años, desde su fundación en 1926.
Los servicios medicos estaban disponibles tanto para personas pudientes, como para asociados de pocos recursos que pagaban una módica suma mensual que oscilaba entre $ 2.00 y $ 3.00.

Clinica De Los Angeles, propiedad del Dr. José Antonio Ortiz y Rodriguez, descripción Arquitectónica.
Clasifica dentro del Estilo ecléctico con influencia del Neoclásico alemán en algunos de sus elementos figurativos. Dentro de la decoración característica del periodo se observa la fuerza de expresión en las líneas verticales y horizontales y en la límpia estructuración de los volúmenes construidos. Las enormes Columnas dóricas y jónicas se destacan en la edificación, así como la fortaleza de moldura, enmarques, dentículos y otros elementos decorativos sobre todo en los Vanos de fenestración imprimiéndole una imagen mezcla de severa grandeza y elegancia.
Constituyen aspecto significativo los jardines que rodean el inmueble, y lo que lo magnifican todo el tramo de acceso hasta la edificación y su entorno, están tratados con canteros, bancos, luminarias, macetas sobre pedestales y apoyadas en el piso, pérgoras sostenidas por clásicas Columnas jónicas, fuentes y otros elementos compositivos con diseños exuberantes de influencia barroca y musulmana, esto último evidenciado en el uso de cerámica coloreada. El rejuego con la topografía resulta encantador, a través de escalones, barandas y la aparición de estos elementos del mobiliario urbano en cada una de las terrazas creadas.
La Clínica los Ángeles se destaca en el entorno urbanístico en que se encuentra enclavada, no solo por su volumetría, decoración y majestuosidad de su forma, si no también por el nivel altimétrico en que se orienta y por lo singular de su jardinería. Sus Plantas decoradas con atractivas formas, como arcos y elementos del mobiliario urbano, rodean el edificio, donde en 1926 abrió sus puertas el Hospital particular de cirugía y obstetricia del Dr. Ortiz, lugar donde muchos Santiagueros vieron y seguirán viendo sus primeras luces.
Gracias Dr Ortiz a su señora Angeles y a toda la familia donde quiera que estén por este regalo para Santiago de Cuba y sus Santiagueros.

Referencias:
Crónicas de Santiago de Cuba.Tomo II de Emilio Bacardí Moreau.

2 Comentarios

  1. Buenas tardes,
    Mi nombre es Ana María Cruz Lopez Planas Ortiz. El Dr. Jose Antonio Ortiz era mi bisabuelo por parte de padre. Mi Papá el Dr. Vladimir Cruz Ortiz acaba de fallecer el 13 de Agosto del 2020, y era hijo de Emma María de Los Angeles, hija del Dr. Jose Antonio Ortiz.

  2. Ante todo nuestras condolencias por la pérdida de su padre, que dios lo tenga en su Santa gloria, es un gran placer para el equipo de redacción de esta página, el que usted haya podido leer esta crónica, que resalta la historia de su familia en especial el Dr. Ortiz en nuestra querida ciudad, su legado perdura y perdurará siempre en el recuerdo de todos los Santiagueros, la Clínica de Los Ángeles representa las primeras luces de vida de tantos que allí nacieron, en nombre de nuestro equipo llegue hasta usted nuestro eterno agradecimiento.🙏❤️

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