En los documentos y libros de Historia las referencias a las mujeres suelen ser escasas y lo más usual es que aparezcan en breves notas a pie de página; de cierta forma esto debe verse como algo natural si tenemos en cuenta que aún a fines de la segunda década del siglo XXI las mujeres llevamos a cabo una intensa querella en defensa de la equidad de géneros ¿Qué pensar entonces del tema en el siglo XVI?

Los historiadores han hecho referencia a una hija que tuvo Hernán Cortés con una indígena de la región de Cuba, durante su breve estancia en la villa de Santiago y a quien bautizó con el nombre y el apellido de su madre. Catalina Pizarro es posiblemente junto a Miguel Velázquez las únicas personas nacidas en la villa de Santiago en los albores de la colonización, hijos de india y español con nombre y padre conocido.

Fue su padrino Diego Velázquez, quien a pesar de haber tenido algunos desencuentros con Cortés, no era dado a guardar rencores y sí a perdonar.

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Herán Cortés, foto tomada de la revista Ciudad Cultural, de la Oficina del Conservador de la CIudad de Santiago de Cuba.

Este bautizo realizado en la iglesia parroquial debió haber ocurrido antes de 1518, pues en noviembre de ese año Hernán Cortés, a la sazón alcalde de la villa, partió de la bahía de Santiago a la conquista de México; en esas circunstancias la pequeña Catalina debió quedar al cuidado de su madre indígena cuya identidad no se ha podido establecer o probablemente de la esposa de Cortés, la granadina Catalina Suárez.

Como es sabido la iglesia católica establece que el padrino o la madrina (según sea el caso) sustituya al padre o la madre si estos faltaran; llegado a este punto nos preguntamos ¿Diego Velázquez en su condición de católico cumpliría ese precepto a pesar de sus disputas con Hernán Cortés? Lamentablemente no tenemos una respuesta para esa interrogante.

En 1522, en una fecha presumiblemente posterior al reconocimiento ese año de Hernán Cortés por el rey como gobernador y capitán general de la Nueva España, este mandó a venir de Santiago a su hija Catalina, posiblemente junto con su esposa Catalina Suárez; de quien se conoce que murió en México meses después sin haber podido concebir hijos, su madre y un hermano acusaron a Cortés de haberla estrangulado para poder casarse con la marquesa doña Juana de Zúñiga.

En tierra azteca, Cortés brindó a su primogénita protección y riquezas hasta su muerte en 1547, es decir, que durante aproximadamente treinta años Catalina Pizarro vivió con su padre en la Nueva España disfrutando de una vida principesca.

Se ha podido documentar que Hernán Cortés tuvo diez hijos más después de Catalina Pizarro, algunos de ellos fuera del matrimonio; no obstante al morir Cortés su entonces viuda, la marquesa doña Juana de Zúñiga, despojó a Catalina Pizarro de todos sus bienes y la envió por la fuerza al monasterio dominico de la Madre de Dios en Sanlúcar de Barrameda, donde aún en 1565 permanecía confinada.

¿Qué pensaría Catalina Pizarro ya con medio siglo de vida sobre sí misma? ¿Qué explicación encontraría durante sus meditaciones sobre su extraño origen? ¿Qué balance haría sobre las altas y bajas de su azarosa vida? ¿Por qué la viuda de Cortés se ensañaría con ella? Sería acaso por determinados privilegios hereditarios que le daba su condición de primogénita.

Definitivamente Catalina Pizarro es un personaje que permanece olvidado desde hace más de 500 años, tal vez esperando por el talento de un escritor que llene con fantasía literaria tantos signos de interrogación en su vida.

1 Comentario

  1. Su relato me hace ponerme en el lugar de Catalina, la vida tiene cosas muy injustas, un ser condenado a los deseos de otros, ojalá y algún día llegue hasta ella la fantasía de la vida que no disfruto, aunque sea literaria.
    Muchas gracias.

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