Desde la “Cajuma” se descubren escenas de la vida cotidiana de Santiago de Cuba desconocidas por la mayoría terrestre, el pescador que con desespero intenta capturar la cena, los deportistas con muchos sueños olímpicos, también un pequeño cementerio donde descansan eternamente el alma de cientos de marinos con millones de historias fascinantes y desconocidas, tragadas por la desmemoria.

Poco a poco, mientras la embarcación deja atrás al malecón, la ciudad va tomando una nueva forma más alargada: se perciben las terrazas, imperceptibles al nivel de la calle, sobre las cuales se asentaron las edificaciones. Las empinadas lomas, desde el mar menos verticales y más pequeñas, a duras penas se concibe que provoquen suspiros al subirlas.

(Fragmentos tomados de la crónica del Periodista J. Loo Vázquez: 120 minutos para redescubrir la Capital del Caribe)

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